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Hands-on and hard-won
Práctico y bien ganado

Hands-on and hard-won

A therapy institution in Inwood

Story and photos by Robin Elisabeth Kilmer


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David Murissi, who had felt his ankle “pop” during a military-style race, visited Dr. Shapiro’s office with his parents Fabiola and Michael.

David Murissi is no stranger to physical therapy.

But on occasion, his experience with therapy has been as painful as his injuries.

“Most of the time physical therapists don’t even talk to you or touch you,” said Murissi.

Walking into Dr. Larry Shapiro’s office on 218th Street this past Wed., Oct. 24th proved a different approach, literally, was possible.

“It’s a good environment here,” he said.

Dr. Shapiro takes pride in the friendly atmosphere of the clinic—though admits that there’s one problem.

“We’re overstaffed,” he laughed, adding that he doesn’t want any of the patients to feel pushed out.

Murissi, who lives in Ireland and is uninsured on American soil, knows all the best ways to get hurt.

Last year, he dislocated his shoulder participating in the Running of the Bulls in Pamplona, Spain.

And last Saturday, he injured his ankle at an 11-mile cross country race called the Tough Mudder, in which participants willingly subject themselves to a military-style obstacle course and torture.

“He is coo-coo,” said his mother, Fabiola Murissi as she sat with her son in the waiting room.

Midway through the race, Murassi took a tumble, and knew something was wrong with his ankle. “I heard a pop, and the guy next to me heard [the same] pop.”

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Dr. Larry Shapiro and his staff (from left to right): Alexa Attias, Sashelin Acosta, Dr. Baez Sobeyba, Dr. Apo Gue, Dr. Catherine Seria, Diana Acosta, Denise Acosta, and Dr. Pyramus Cuilab.

Not really knowing what the issue was—only that he was in pain—Murissi finished the race, running six miles on his injured ankle.

Then, he went on a trip to Baltimore to help his friend move, and made sure to walk around all day exploring the city, because the best thing for an injured ankle is, obviously, to walk off the pain.

On Wednesday, at his mother’s behest, Murissi went to visit Dr. Shapiro’s office, though he was worried about the lack of insurance.

Luckily for Murissi, helping the uninsured is part of Dr. Larry Shapiro’s daily routine.

“When someone is in pain, I can’t tell them to come back when their insurance kicks in,” he said.

“I pay my staff to be here, and we have an open table,” he said, reporting that he writes off 70 visits a week.

Dr. Shapiro reports that many of the doctors on his staff have a following.

“People ask for you by name,” said Dr. Pyramus Cuilab, who has been working at Dr. Shapiro’s practice since 2008. “It’s more fun here, and I like my co-workers.”

The friendliness and openness has made Dr. Shapiro’s practice a neighborhood institution after 30 years of business in Inwood.

His concern is rooted as much in caring for the neighbors around him as it is his personal experience with pain, and with recovery.

Dr. Shapiro understands well the discomfort of physical injuries, and the different ways medical conditions can change one’s life.

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Dr. Larry Shapiro has worked in Inwood for almost 30 years.

He has had rotator cuff surgery and knee surgery.

In 2004, he was diagnosed with sarcoidosis in his lungs and had to have surgery in 2008. He has not been able to treat as many patients as before, but he is still omnipresent at the clinic, greeting people and overseeing his staff.

“A lot of people don’t know I’m out.”

Fabiola Murissi has had her own experience at Dr. Shapiro’s office after getting in to a car accident last year.

“It’s nice, friendly and clean here,” she said.

She and her son stayed behind to chat with Dr. Shaprio long after it has been discovered that the “ankle problem” was a torn ligament, which relieves Murissi, because he is planning on doing a 24-hour run three weeks from now.

Dr. Shapiro refrained from discouraging Murissi from this endeavor, opting to recommend that he stay off his feet, and wished him well as he hobbled out of the office.

And as he noted, the fact that his is a physical therapist’s office does not deter people with all sorts of problems from knocking on his door.

“One time a man walked in here with a partially severed hand,” recalled Dr. Shapiro. “We wrapped it up and sent him to the emergency room.”

Práctico y bien ganado

Una institución de terapia en Inwood

Historia y fotos por Robin Elisabeth Kilmer


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David Murissi, quien sintió un sonido en su tobillo durante una carrera estilo militar, visitó la oficina del Dr. Shapiro con sus padres Fabiola y Michael.

David Murissi no es ajeno a la terapia física.

Pero en ocasiones, su experiencia con la terapia ha sido tan dolorosa como sus lesiones.

“La mayoría de las veces los terapistas físicos ni siquiera te hablan o te tocan”, dijo Murissi. Entrando a la oficina del Dr. Larry Shapiro en la Calle 218 este pasado miércoles, 24 de octubre demostró que un acercamiento diferente, literalmente, era posible.

“Aquí hay un buen ambiente”, dijo el.

El Dr. Shapiro se enorgullece del acogedor ambiente de la clínica – aunque admite hay un problema.

“Tenemos demasiado personal”, se rió, añadiendo que el no desea que ninguno de sus pacientes se sientan eliminados.

Murissi, quien vive en Irlanda y no tiene seguro médico en suelo americano, sabe todas las maneras de lastimarse.

El año pasado, se dislocó el hombro participando en la Corrida de Toros en Pamplona, España.

Y el sábado pasado, se lesionó su tobillo en una carrera de 11 millas llamada ‘Tough Mudder’, en la que los participantes se someten voluntariamente a obstáculos estilo militar y torturas.

“El está loco”, dijo su madre, Fabiola Murissi mientras se sentaba con su hijo en la sala de espera.

A mitad de carrera, Murissi tuvo una caída, y supo que había algo malo con su tobillo.

“Escuche un sonido y el chico a mi lado escuchó el mismo sonido”.

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El Dr. Larry Shapiro y su personal: (de izquierda a derecha) Alexa Attias, Sashelin Acosta, Dra. Baez Sobeyba, Dr. Apo Gue, Dra. Catherine Seria, Diana Acosta, Denise Acosta, y el Dr. Pyramus Cuilab.

No sabía realmente que había sucedido – solo que tenía dolor – Murissi terminó la carrera, corriendo seis millas con su tobillo lesionado.

Entonces fue a un viaje a Baltimore para ayudar a su amigo a mudarse, y se aseguró de caminar todo el día explorando la ciudad, porque lo mejor para un tobillo lesionado es el caminar con el dolor.

El miércoles, a instancias de su madre, Murissi fue a visitar la oficina del Dr. Shapiro, aunque estaba preocupado por la falta de seguro médico.

Por suerte para Murissi, el ayudar a las personas que no tienen seguro es una de las rutinas diarias del Dr. Larry Shapiro. “Cuando alguien tiene dolor, no les puedo decir que regresen cuando tengan seguro”, dijo el.

“Yo le pago a mis empleados para que estén aquí y tenemos un itinerario abierto”, dijo el, reportando que recibe 70 visitas a la semana.

El Dr. Shapiro reporta que muchos de los doctores entre su personal tienen admiradores.

“La gente pregunta por ti por tu nombre”, dijo el Dr. Pyramus Cuilab, quien ha estado trabajando en la práctica de Shapiro desde el 2008.

“Aquí es más agradable, y me gustan mis compañeros de trabajo”.

“Este lugar es más interactivo”, dijo el Dr. Cuilab, quien anteriormente trabajó en la Florida.

La amabilidad y franqueza ha hecho de la práctica del Dr. Shapiro una institución en el vecindario luego de 30 años de negocio en Inwood.

Su preocupación se basa tanto en los vecinos que lo rodean como lo es su experiencia personal con el dolor y recuperación.

El Dr. Shapiro entiende bien la molestia de las lesiones físicas y las diferentes maneras en la que condiciones físicas pueden cambiar la vida de uno.

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El Dr. Larry Shapiro ha trabajado en Inwood por casi 30 años.

Ha tenido cirugía del puño y la rodilla.

En el 2004 fue diagnosticado con ‘sarcoidosis’ en sus pulmones y tuvo que someterse a cirugía en el 2008.

Desde entonces no ha podido atender a tantos pacientes como antes pero todavía es omnipresente en la clínica, saludando a las personas y supervisando el personal.

“Muchas personas no saben que estoy fuera”.

Y físicamente, nunca lo está.

El Dr. Shapiro ha continuado construyendo relaciones con sus pacientes y una visita a su oficina se siente como una visita a un viejo amigo.

Fabiola Murissi ha tenido su propia experiencia en la oficina del Dr. Shapiro luego de tener un accidente de auto el año pasado.

“Aquí es bueno, son amables y es limpio”, dijo ella.

Ella y su hijo se quedan para hablar con el Dr. Shapiro mucho después de que fuera descubierto que el “problema del tobillo” era un ligamento desgarrado, lo cual alivia a Murissi porque está planeando hacer una carrera de 24 horas en tres semanas.

El Dr. Shapiro se abstuvo de desanimar a Murissi de su empresa, optando por recomendar que mantenga el peso fuera de su pie, y le deseo suerte mientras salía cojeando de su oficina.

Y como el señala, el hecho de que es una oficina de terapistas físicos no disuade a las personas con todo clase de problemas de tocar en su puerta.

“Una vez un hombre entró aquí con una mano parcialmente cortada”, recordó el Dr. Shapiro. “Se la vendamos y lo enviamos a una sala de emergencia”.

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