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VIM leaves a void
VIM deja un vacío

VIM leaves a void

Local pharmacy closes after 30 years

Story and photos by Robin Elisabeth Kilmer


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“I’m heartbroken,” said Sonia Chavez, with daughter Alejandra, who had visited VIM Pharmacy just days before its closing.

The day after buying Halloween candy from VIM Pharmacy on West 181st Street, its loyal customers returned to find it shuttered.

The closed storefront sparked surprise and confusion from passerby unaccustomed to such a sight.
Those feelings soon turned into dismay when they realized that their favorite pharmacy was closed for good.

“I’m heartbroken,” said Sonia Chavez, who walked past with her daughter Alejandra.
Chavez, who lives nearby, had patronized the pharmacy for at least 16 years.

“We were here two days ago,” said Alejandra, who had grown accustomed to getting her mouthwash at VIM.
Brad Kessel, whose family owned the store for 30 years, was also upset. This was not the outcome Kessell was hoping for when it came time to renew his lease, but it was not unexpected.

“I’m more sorry than anybody,” said Kessel. “I’ve had many sleepless nights knowing this was going to happen.”
Kessel returned to the store on Fri., Nov. 2, and spent his last hours there re-pricing merchandise for liquidation.
At $28,000 a month for a 15,075 square-foot space, Kessel’s lease was financially untenable.

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Neighborhood institution VIM Pharmacy on West 181st Street will close for good.

“The first thousand dollars in the register everyday goes to the landlord,” he said. “Only chains can afford that.”
Though Kessel tried to negotiate his lease, he only blames himself for his situation.

“Ten years ago, I should have looked for another space.”

Many in the neighborhood have taken note.

“This is another example of how small “mom and pop” shops, who have been in our neighborhoods for decades and serve so many generations of families, are being squeezed out by unreasonable rent hikes,” said Councilmember Robert Jackson in a statement.

“There has to be a way to mediate this situation, so that we don’t continue to see a blight in our community.”

There were once three VIM Pharmacies in Northern Manhattan.

All were owned by Kessel’s uncle.

16 years ago, Kessel bought the 677 West 181st Street location. He and his cousin worked there together until his cousin was diagnosed with Hodgkin’s lymphoma.

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“I almost cried when I got the phone call,” said Louise Schulman.

“It wasn’t just one particular thing, but the big thing was the rent,” said Kessel, who explained said that mandatory mail orders for maintenance medication and reduced payments on the part of insurance companies also contributed blows.

Kessel said that he put his savings and 401K into the pharmacy, and now he will have to find another job and relocate.

“I put my life into this place,” said Kessel. “I know the name of everyone who walked in here. They are more than just my customers; they are my friends.”
He recalled the days when the neighborhood was overridden by drug dealers, and was glad to see its reinvention.

“It’s a neighborhood again,” he said. “Before, it was just an address.”

These local friends are who helped him cope with the loss of his son five years ago. “People told me about their own losses.”

Kessel took comfort in the conversations he had with his customers, and now worries about their well-being.

“The part that bothers me the most are the people I’m leaving behind,” he added. “I treated everyone who walked into this store the way I would want to be treated.”

Kessel has promised his customers and friends he would stay in touch, but the dynamic of the relationship will undoubtedly be different.

Louise Schulman is one of the customers whose prescriptions have been transferred.

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“I put my life into this place,” said owner Brad Kessel. “I know the name of everyone who walked in here.”

“I almost cried when I got the phone call,” she said as she stood in front of the shuttered pharmacy with her dog on Thursday.

Schulman, who has lived in the neighborhood for 25 years, vowed not to go to Rite Aid, and will take her business to nearby Hilltop Pharmacy.

Schulman said she hopes for the best for the other small businesses in the area. “They’re one of the things that make this place feel like a neighborhood. It doesn’t feel as much like a neighborhood when [they] go away.”

VIM deja un vacío

Farmacia local cierra después de 30 años

Historia y fotos por Robin Elisabeth Kilmer


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“Me siento desconsolada”, expresó Sonia Chávez, con su hija Alejandra.

Un día después de haber comprador dulces para Halloween en la farmacia VIM, sus leales clientes retornaron para encontrarla cerrada.

El cierre de la tienda causó sorpresa, confusión entre los transeúntes no acostumbrados a verla así.

Prontamente la confusión pasó a ser consternación, cuando se dieron cuenta que su farmacia favorita había cerrado sus puertas para siempre.

“Me siento desconsolada”, expresó Sonia Chávez, quien pasaba por allí con su hija Alejandra.

Chávez, quien reside cerca, había sido clienta por los menos durante 16 años.

“Hace dos días que estuvimos aquí”, dijo Alejandra, quien se había acostumbrado a comprar su enjuague bucal en VIM.

Brad Kessel, cuya familia fue propietaria de la tienda durante 30 años, también se sentía disgustado. Este no era el resultado que Kessel esperaba cuando llegó el momento de renovar el contrato, pero no era inesperado.

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VIM Pharmacy cerrara después de 30 anos en el vecindario.

“Estoy más triste que cualquiera”, dijo Kessel. “He pasado muchas noches de insomnio sabiendo que esto habría de suceder”.

Kessel retornó a la tienda el viernes 2 de noviembre.  Y paso sus últimas horas allí, cambiando precios para la liquidación.

Al precio de $28,000 al mes por un espacio de 15,075 pies cuadrados, el contrato de Kessel resultó ser insostenible.

“Diariamente, los primeros mil dólares en la caja registradora son para el casero”, dijo el. “Sólo las cadenas pueden costear eso”.

Aunque Kessel intentó negociar su contrato, el se culpa a sí mismo por su situación. “Hace diez años debí buscar otro espacio”.
Muchos en el vecindario han expresado lamento.

“Éste es otro ejemplo de cómo tiendas que han estado en nuestras vecindades por décadas y sirven generaciones de nuestras familias, están siendo exprimidas por rentas inasequibles e irrazonables,” dijo el Concejal Robert Jackson.

“Tiene que haber una manera de mediar esta situación, de modo que no continuemos viendo un destrozo en nuestra comunidad.”

En su momento cumbre, hubieron tres farmacias VIM en el Norte de Manhattan, todas propiedades del tío de Kessel. Hace 16 años Kessel compró la localidad del 677 de la calle 181.

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Louise Schulman promete no ir a una cadena nacional por sus medicamentos.

Antes de eso, el y su primo trabajaron allí juntos antes de que su primo fuese diagnosticado con la enfermedad de Hodgkins.

“No fue solo una cosa en particular, sino que lo grande era la renta”, dijo Kessel, quien explicó que también las órdenes por correo obligatorias para el mantenimiento de los medicamentos y los pagos reducidos por parte de las compañías de seguros constituyeron golpes.

Kessel dijo que puso sus ahorros y 401K en la farmacia, y ahora tendrá que buscar otro empleo y trasladarse.

“He puesto mi vida en este lugar”, dijo Kessel. “Yo conozco el nombre de todo el que entraba aquí. Son más que clientes, son mis amigos”.

El recordó bien los días cuando el vecindario estaba plagado de traficantes de drogas, y se alegra de haber visto su reinvención.

“Ha vuelto a ser un vecindario. Antes era solo una dirección”.

Como amigos ellos  le ayudaron a lidiar con la pérdida de su hijo hace cinco años.  “La gente me contó sobre sus propias pérdidas”.

Kessel se sintió reconfortado en las conversaciones que sostuvo con sus clientes y ahora se preocupa por el bienestar de estos.

“La parte que más me preocupa es la gente que dejo atrás.

He tratado a todo el mundo que vino a esta tienda, de la forma en que me gustaría ser tratado”.

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Brad Kessel frente a VIM Pharmacy, la cual fue propiedad de su familia durante 30 años.

Kessel ha prometido a sus clientes y amigos que se mantendrá en contacto, pero es indudable que la dinámica de la relación será de manera diferente.

Louise Schuman es una de los clientes cuyas recetas han sido transferidas. “Casi lloré cuando recibí la llamada”, dijo ella el jueves, mientras estaba con su perro frente a la farmacia.

Schulman, quien ha residido en el vecindario por más de 25 años, promete no ir a Rite Aid, y se llevará sus recetas a la cercana Hilltop Pharmacy.

Schulman dice que ella desea lo mejor para los otros pequeños negocios en el área.

“Ellos son una de las cosas que hacen que este lugar se sienta como un vecindario. Cuando estos lugares se retiran, ya no se siente tanto como un vecindario”.

Estos continuarán retirándose si las exorbitantes rentas son la norma.

No se conoce quien ocupará el espacio de VIM Pharmacy, pero ciertamente será un vacío difícil de llenar.

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