The days of her life
Los días de su vida

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The days of her life

Story, photos and video by Sherry Mazzocchi

“You have to tell me where my husband is.” Paula Ehrenberg, 104, has lived a full life.

“You have to tell me where my husband is.” Paula Ehrenberg, 104, has lived a full life.

Sometimes, if you’re lucky, it’s both quantity and quality.

It was in Paula Ehrenberg’s case.

She has just celebrated her 104th birthday.

Elegantly clad in a fur jacket and perfectly coiffed hair, Ehrenberg sat among a dozen friends at her birthday party this past Wed., Nov. 27th. She sipped white wine and dined on crab cakes at the Next Door restaurant on 187th Street.

Her physician of 30 years, Dr. Peter Hofmann, sat next to her. Across from her were Lilli and Charles Friedman. Friedman knew her from his hometown of Jena, Germany. “She carried me around when I was a baby,” he said. “My grandmother was best friends with her mother.”

Long-time Washington Heights residents remember Ehrenberg as the attractive woman who sold chocolates at Barton’s. Men would stop by at closing time only to have their hopes dashed as her husband arrived each night to take her home. “Henry was very protective of her,” Hofmann recalled.

And Ehrenberg was protective of her husband. On the morning of Nov. 9, 1938, three Gestapo officers came to their Frankfurt apartment. It was Kristallnacht, or the Night of Broken Glass, and the beginning of the Holocaust as the SS systematically arrested Jews and destroyed their homes and businesses.

Ehrenberg was still in her nightgown, frantic as the Gestapo arrested her husband.

In an oral history recorded in 1977 for the United States Holocaust Memorial Museum, she recalled two of the men were about 25 – the same age as her husband.

Ehrenberg was feted with a birthday party.

Ehrenberg was feted with a birthday party.

“I said ‘What should I do now, what should I do now?’ and one of these guys said, and until my dying day I will remember it – he said, ‘What should you do? You should shoot yourself, you gangster,’” she said.

Her husband was calm. He asked the officers if he could get dressed. As he left, he told his wife not to follow.

But, desperate for information, she went to Gestapo headquarters. There was a big sign that read: No information about Jews.

When she asked a man, he responded, “Can’t you read?” She said, “Yes, I can read, but you have to tell me where my husband is.”

He asked when he was taken.

Ten a.m., she said. By that time it was noon and her husband was already on his way to Buchenwald.

Within three weeks, she managed to obtain two exit visas. Her husband was released from the concentration camp on December 25th. They left for England as soon as they could.

The Ehrenbergs later moved to the U.S. in 1945. After the war, she learned her parents were dead. Her mother died in Auschwitz, her father in Theresienstadt.

In her oral history, Ehrenberg said she returned to Germany regularly after the 1960’s.

At first it so was painful she couldn’t look at people’s faces. Some people denied what happened. Others couldn’t fathom how their parents allowed the horrors to unfold.

She compared the inaction to being frozen by the sight of a snake. The sheer criminality of the Nazi regime stunned people into silence.

Her oral history was recorded in 1977 for the United States Holocaust Memorial Museum.

Her oral history was recorded in 1977 for the United States Holocaust Memorial Museum.

“There were people who stood up for their rights and they were killed—this was the outcome. There were only two ways—either you were killed or you tried to be really dead alive,” she said.

They had very little when they moved to the U.S. She didn’t know English well, but got a job at a clothing factory. After a few years they’d spend weekends in the Catskills with other refugees.

“It was a very inexpensive place and we were all together,” she said in the oral history. “And these people we met there are still friends of mine. But really, a vacation or theater or movie—we didn’t go.”

The Ehrenbergs were active members of the Hebrew Tabernacle congregation. Henry was the cantor for 35 years, retiring in 1977. He trained over 1,000 young men for Bar Mitzvahs. Some still keep in touch with her.

They were also close friends with Rabbi Jacob Polish and his wife Janice. The rabbi died in 1991. Henry died a year later.

Janice is also gone. “I loved her really,” Ehrenberg said of her friend.

The Ehrenbergs never had children, but the Polish’s children and grandchildren are still close to her.

Ehrenberg had no secrets of longevity. She only said, “I had a wonderful life.”

On Wednesday, after the cake arrived, the candles were blown out.

The dessert was soon eaten, and it was time to go. As friends kissed her goodbye, they said, “Let’s do this again next year.”

Los días de su vida

Historia, fotos y video por Sherry Mazzocchi

“Usted tiene que decirme donde está mi esposo”. Paula Ehrenberg, 104, ha vivido una vida llena.

“Usted tiene que decirme donde está mi esposo”. Paula Ehrenberg, 104, ha vivido una vida llena.

A veces con suerte, tanto la cantidad como la calidad cuentan.

En el caso de Paula Ehrenberg, definitivamente son ambas. Acaba de celebrar su cumpleaños 104. Elegantemente vestida con un abrigo de piel y peinada perfectamente, Ehrenberg se sentó entre una docena de amigos en su fiesta de cumpleaños este pasado miércoles, 27 de noviembre. Bebió vino y comió bizcocho de cangrejos en el restaurante Next Door en la Calle 187.

Su doctor por 30 años, el Dr. Peter Hofmann, se sentó junto a ella. Al otro lado estaba Lilli y Charles Friedman. Friedman la conocía de su pueblo natal Jena, Alemania. “Ella me llevaba a todas partes cuando era un bebe”, dijo el. “Mi abuela era la mejor amiga de su madre”.

Residentes de mucho tiempo de Washington Heights recuerdan a Ehrenberg como la atractiva mujer que vendía chocolates en Barton. Los hombres paraban a la hora de cerrar solo para tener sus esperanzas frustradas cuando su esposo llegaba cada noche para llevarla a casa. “Henry era bien protector”, recordó Hofmann.

Y Ehrenberg era protectora de su esposo. En la mañana del 9 de noviembre de 1938, tres oficiales de la Gestapo fueron a su apartamento en Frankfurt. Era ‘Kristallnacht’, o la Noche del Cristal Roto, y el comienzo del Holocausto mientras la SS arrestaba sistemáticamente judíos y destruía sus hogares y comercios.

Ehrenberg todavía estaba en su traje de noche, frenética de como la Gestapo arrestó a su esposo. En una historia oral grabada en el 1977 para el Museo Conmemorativo de los Estados Unidos del Holocausto, ella recordó que dos de los hombres tenían como 25 años – la misma edad que su esposo.

Ehrenberg fue celebrada con una fiesta de cumpleaños.

Ehrenberg fue celebrada con una fiesta de cumpleaños.

“Yo dije ‘¿Qué debo hacer ahora, que debo hacer ahora?’ y uno de estos chicos dijo, y hasta el día de mi muerte lo recordaré – dijo el, ‘¿Qué debe de hacer? Deberías matarte, gangster’”, dijo ella.

Su esposo estaba calmado. Le preguntó a los oficiales si podía vestirse. Mientras se iba, le dijo a su esposa que no lo siguiera.

Pero desesperada por información, fue a las oficinas principales de la Gestapo. Había un gran letrero que decía: No hay información sobre los judíos.

Cuando le preguntó a un hombre, este respondió, “¿No sabes leer?” Ella dijo, “Si, puedo leer, pero usted tiene que decirme donde está mi esposo”.

El preguntó donde había sido llevado.

Diez de la mañana. Para ese momento era mediodía y su esposo ya estaba de camino a Buchenwald.

En tres semanas, pudo conseguir dos visas de salida. Su esposo fue liberado del campo de concentración el 25 de diciembre. Se fueron para Inglaterra tan pronto pudieron.

Los Ehrenbergs más tarde se mudaron a los E.U. en el 1945. Luego de la guerra, supieron que sus padres estaban muertos. Su madre murió en Auschwitz, su padre en Theresienstadt.

En su historia oral, Ehrenberg dijo que regresó a Alemania regularmente luego del 1960. Al principio era tan doloroso que ella no podía mirarles las caras a las personas. Algunas personas negaban lo que había sucedido. Otros no podían comprender como sus padres permitieron revelar los horrores.

Ella comparó la inacción con ser congelado por la visión de una serpiente. La pura criminalidad del régimen Nazi aturdió a la gente en el silencio.

Su historia oral fue grabada en el 1977 para el Museo Conmemorativo de los Estados Unidos del Holocausto.

Su historia oral fue grabada en el 1977 para el Museo Conmemorativo de los Estados Unidos del Holocausto.

“Hubo gente que se levantó por sus derechos y fueron asesinados – esto fue el resultado. Había solo dos maneras – o eras asesinado o tratabas realmente de estar muerto en vida”, dijo ella.

Tenían muy poco cuando se mudaron a los E.U. Ella no sabía inglés muy bien, pero consiguió un empleo en una fábrica de ropa. Luego de algunos años pasaron fines de semanas en Catskills con otros refugiados.

“Era un lugar muy barato y estábamos todos juntos”, dijo ella en la historia oral. “Y estas personas que conocimos allí todavía son mis amigos. Pero realmente, unas vacaciones o el teatro, el cine – no fuimos”.

Los Ehrenbergs eran miembros activos de la congregación del Tabernáculo Hebreo. Henry fue el cantor por 35 años, retirándose en el 1977. Entrenó a más de 1,000 jóvenes para los ‘Bar Mitzvahs’. Algunos todavía se mantienen en contacto con ella.

También eran amigos cercanos del Rabino Jacob Polish y su esposa Janice. El rabino murió en el 1991. Henry murió un año después.

Janice también murió. “Realmente le amaba”, dijo Ehrenberg de su amiga.

Los Ehrenbergs nunca tuvieron hijos, pero los niños polacos y los nietos todavía están cerca de ella.

Ehrenberg to tiene secretos de longevidad. Solo dijo, “tuve una vida maravillosa”.

El miércoles, luego de que llegara el bizcocho, las velas fueron sopladas.

El postre pronto fue servido, y era tiempo de irse. Según los amigos se despedían con un beso, estos dijeron, “vamos a hacer esto de nuevo el próximo año”.