Yesterday, A Long Time Ago

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Yesterday, A Long Time Ago

Selected poems in English by Jonathan Harrington

Translations in Spanish by Fernando de la Cruz

Be Kind, Rewind

“It was like a movie!” – often heard after the attack

 

Pause before that moment—say 8:44 AM.

Stop.

Rewind

and let me walk away backwards

just before the second plane hits.

Let me back away from 6th Avenue to 7th,

Back in through the glass doors of the lobby

of my office building,

backwards into the elevator, up to my cubicle.

Let all the papers fly back into my briefcase from the desk,

the briefcase snap shut

soaring back into my hands.

Backwards up the street to the A-Train.

Run the train in reverse Uptown

to my four year old son

his wet hand in mine as we walk backwards

away from his first day of school

before any of it happened on that horrid Tuesday.

Rewind the jets back to their terminals in Boston

as my son and I back up the street toward home.

Let me remove his clothes in reverse order,

take off his shoes and hide them under the bed.

We’ll step backwards into the bathroom

urine flowing up into his penis

into his tiny bladder where he stands sleepy-eyed

doing pee-pee an hour before our world ended.

Backwards into the bedroom

his pajamas leaping onto him.

Back to his peaceful dream,

that dream we all dreamt

when everyone slept like children

one gorgeous morning in Manhattan

before the towers fell.

Paper Trail

“Bits of paper…drifted from the sky on Tuesday and fell to earth 

miles away in Brooklyn.” 

—The New York Times, September 14, 2001

 

Among the rain of documents—

memos, contracts, resumes,

faxes, phone messages, expense reports—

one single leaf,

ripped from a message pad,

flutters in through the open window

of a brownstone in Carol Gardens

landing like an epistle from the angels

on the dining room table

of an elderly widow

nursing her cup of tea.

She turns it over in front of her

(this message fallen from the heavens)

mystified.

A note scrawled on a pink

While You Were Out pad.

For: Paul

Day: September 11, 2001

Time: 8:40 AM

The box for “telephoned” has been checked.

The message reads:

Paul—

Dan called 

while you were upstairs.

Had to take his daughter to school.  

Won’t be here until 10

—Yolanda.

How could the widow know

by this note dropped from the clouds

the destiny of this quartet of characters—

the drama of this tiny four act play?

How could she know that Yolanda’s voice

has already been silenced

under the weight of the South Tower,

dead just ten minutes

after writing her final word—her name?

Paul?

Upstairs.

Trapped on the 87th floor.

Had his meeting been downstairs instead of up

he might walk among us today.

Even the daughter’s role has been elevated—

from scapegoat in the first act

who had made her father late for work

to his savior at the curtain call—

an odd reversal of roles

that both daughter and father will ponder

for the rest of their lives.

Dan?

Who is he?

This one man of thousands

singled out to be spared?

Lucky Dan,

an hour late for work that day

at the World Trade Center.

But let us not forget our audience of one.

The elderly widow not yet comprehending

the prophecies in this memo.

She peers upward through her window

into the sky from which this message

has fallen.

She sighs from the weight of her own memories,

so weary, so alone.

These poems are reprinted from Jonathan Harrington’s book, Yesterday, A Long Time Ago, published by Finishing Line Press and available on AMAZON. 

Jonathan Harrington is a poet, columnist, editor and successful author of mystery novels. He holds a Master of Fine Arts from the University of Iowa.

Be Kind, Rewind

“Fue como de película”, oí a menudo luego del ataque.

 

Pausa momentos antes; digamos que a las 8:44 AM.

Stop

y rebobina

para dejar que vaya caminando en reversa,

justo antes del momento en que el segundo avión se estrella.

Deja que me separe de la 6a. avenida hasta la 7a.

y que pase de espaldas por la puerta de vidrio de ese lobby,

llegando al edificio de oficinas,

y que el elevador me retroceda de vuelta a mi cubículo.

Deja que mis papeles

vuelen directo desde mi escritorio

hasta mi portafolio que salta hasta mis manos

y que sus cerraduras se aseguren cediendo a mis pulgares.

Y déjame volver sobre mis pasos,

de la calle a la estación: al andén A.

Que el tren vaya en reversa, que se dirija al Uptown,

adonde está mi hijo de cuatro años,

de mano humedecida tomada por la mía mientras retrocedemos,

alejándonos de aquél, su primer día de clase,

aquel horrible martes.

Deja que retrocedan esos jets

hasta sus terminales del aeropuerto en Boston

en tanto que mi hijo y yo volvemos otra vez sobre la calle

hasta llegar a casa.

Déjame desvestirlo, así en reversa,

quitarle los zapatos y esconderlos debajo de la cama.

Volveremos al baño, hacia atrás,

donde la orina subirá a su pene,

y luego a su vejiga,

allí parado, de cara adormilada,

allí, haciendo pipí,

justo una hora antes de que el mundo acabara.

Y de vuelta a su cuarto, en donde su piyama se avienta

sobre él y de regreso al sueño apacible

el que todos tuvimos

cuando todos dormimos como niños

una mañana hermosa, en Manhattan,

antes de la caída de las torres.

Un rastro de papeles

“Los trozos de papel […] Se deslizaron al cielo el martes y cayeron a la tierra a kilómetros de distancia, en Brooklyn”.

The New York Times, 14 de septiembre de 2001

 

Lluvia de documentos:

memorandos, currículos, faxes y contratos,

mensajes telefónicos y reportes de gastos.

Entre ellos una hoja

desprendida del bloc entra volando

por la ventana abierta

de una casa Brownstone en Coral Gardens,

como epístola directa de los ángeles,

sobre la mesa de una anciana viuda.

Lo vira y lo coloca frente a ella,

entre sorbos de té:

un mensaje caído de los cielos,

envuelto en misticismo;

una nota rosada

de un bloc con el membrete

“Mientras estabas fuera”:

Para: Paul

Día: 11 de septiembre, 2001

Hora: 8:40 AM

La opción “Dejó mensaje telefónico”, marcada.

Dice:

Paul: Dan Llamó

cuando Ud. andaba arriba.

Va a llegar a las 10 porque tuvo que llevar

a su hija a la escuela.

Yolanda.

Cómo podría saber la viuda anciana,

por esta nota caída de las nubes,

el destino de estos cuatro personajes

en una obra de cuatro breves actos.

Cómo sería posible adivinar

que la voz de Yolanda ya estaba sepultada

en el silencio de la Torre Sur,

ya muerta, a diez minutos

de haber escrito su última palabra,

¿acaso fue su nombre?

¿Y Paul?

Se quedó arriba

atrapado en el piso 87.

Si su junta

hubiera sido abajo,

quizá caminaría hoy con nosotros.

La hija (el personaje

culpado al iniciar el primer acto

por hacer llegar tarde a su papá)

incluso fue elevada al papel de salvadora,

una inversión de roles tan abrupta

que los hará pensar el resto de sus vidas.

Ahora Dan,

¿quién es él?

Este hombre de entre miles

elegido a salvarse,

suertudo, Lucky Dan,

que llegó una hora tarde a su trabajo

en las Torres Gemelas.

Mas no nos olvidemos del público

de sólo una persona:

la viuda anciana, aún sin comprender

las profecías que lleva el memorándum.

Se asoma a la ventana,

ve hacia arriba,

y adentra la mirada en ese cielo

que le entregó el mensaje.

Suspira por el peso de sus propias memorias,

tan sola, tan cansada.

Jonathan Harrington es poeta, columnista, editor y exitoso autor de novelas de misterio. Harrington  posee una Maestría en las Bellas Artes de la Universidad de Iowa.