We didn’t know
No lo sabíamos

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We didn’t know

Text by Debralee Santos
Photos by Cristobal Vivar

We didn’t know it’d be the last day.
Manhattan Times‘ photographer Cristobal Vivar headed to Coogan’s on no less a festive day for the famed Irish pub than St. Patrick’s Day – March 17.
Restaurateurs Tess McDade, Peter Walsh and Dave Hunt were as busy as could be after having been ordered to close – save for takeout and delivery – just the night before by citywide mandate.
It was a surreal scene.
On a saint’s day of boisterous patrons, meaty Irish fare and drink, and a halo cast of green long before midday, there was quiet.
Save for the phone’s ringing now and then, and occasional shouts to and from the kitchen as a skeleton crew prepped aluminum to-go containers, the dining room, its chairs neatly stacked atop clustered tables, was stilled.
We didn’t know it’d be the last day.
The deal was that Coogan’s, weathered veteran of many a storm, would see this one through too.
It would ride ‘Rona out.
Like it did with crack and crime.
Same as how it braved the fires.
And the riots.
All the anger, in all the accents.
Handled the incessant fines and fees, the steep spikes in cost every year per pint, per ounce.
Stared down the seitan craze.
Held up through recession, the downturn, the storms, (regular and super size), los aguaceros.
Remember the easy way it added the rasp of guiros to the guitar riffs to the karaoke playlist?
How it survived the near-death rent spike last year.
Coogan’s was going to do Coogan’s.
It would get through.
It would meet us on the other side of this one too.
Just like after your brother’s surgery, the day your girl lost the race.
Like after 9/11.
Coogan’s would be there.
Pale and shook in the first days after this, we might hold off at first.
Have to find a new job.
Organize the wake.
Then, we’d retrace our steps.
Find our way back to its shamrocks, to its salsa.
File into those quiet rooms, breath quickening.
We were due.
To churn in, turn up.
Hola Belgica.
Where, your first embrace?
When, the first last call?
On the other side, there at Coogan’s.

We didn’t know.
————

Coogan’s Kin
The stories are countless. Baptisms and wakes. Birthdays and anniversaries. Community Board meetings and karaoke hours. There was not a moment you could not mark at Coogan’s, where grief and cheer were welcome in equal, thoughtful measure.
At Coogan’s, everyone was family.
As news of its closure reverberates, let’s celebrate and raise a glass to the Broadway institution that knit us closer together, one that made us kin.
Share and send in a favorite photo of an indelible, silly, important, somber moment at Coogan’s, tell us a little about it and tag it #CoogansKin.
We’ll publish and gather them together for a Coogan’s Kin retrospective to share with all.
#CoogansKin

No lo sabíamos

Texto de Debralee Santos
Fotos por Cristóbal Vivar

No sabíamos que sería el último día.
Cristóbal Vivar, fotógrafo del Manhattan Times, se dirigió a Coogan’s en un día no menos festivo para el famoso pub irlandés que el Día de San Patricio, el 17 de marzo.
Los dueños Tess McDade, Peter Walsh y Dave Hunt estaban tan ocupados como podían después de haber recibido la orden de cerrar, salvo para llevar y entregar comida, justo la noche anterior por un mandato para toda la ciudad.
Era una escena surrealista.
En el día de un santo con bulliciosos clientes, comidas y bebidas irlandesas ricas y un halo color verde mucho antes del mediodía, había silencio.
Salvo por el timbre del teléfono de vez en cuando, y ocasionalmente gritos desde y hacia la cocina mientras un equipo mínimo preparaba contenedores para llevar de aluminio, el comedor, sus sillas cuidadosamente apiladas sobre mesas agrupadas, estaba inmóvil.
No sabíamos que sería el último día.|
El trato era que Coogan’s, veterano curtido de muchas tormentas, también lo superaría.
Resistiría al Rona.Como lo hizo con el crack y el crimen.
Igual que desafió los incendios.
Y los disturbios.
Toda la ira, en todos los acentos.
Manejó las multas y cuotas incesantes, los altos aumentos en los costos cada año por pinta, por onza.
Superó la locura del seitán.
Aguantó la recesión, la desaceleración económica, las tormentas, (regulares y de súper tamaño), los aguaceros.
¿Recuerdan la fácil forma en que agregó el rechinido de güiros a los riffs de guitarra a la lista de canciones del karaoke?
Cómo sobrevivió al aumento del alquiler cercano a la muerte el año pasado.
Coogan’s iba a seguir siendo Coogan’s.
Sobreviviría.
Nos encontraríamos del otro lado de esto también.
Al igual que después de la cirugía de un hermano, el día que ella perdió la carrera.
Como después del 11 de septiembre.
Coogan’s estaría ahí.
Pálido y sacudido en los primeros días después de esto, primero esperaríamos.
Hay que encontrar un nuevo trabajo.
Hay que organizar el velorio.
Entonces, volveríamos a nuestros pasos.
Encontraríamos nuestro camino de vuelta a sus tréboles, a su salsa.
Entraríamos a esas aulas calladas, respirando aceleradamente.
Nos lo debíamos.
Agruparnos, vernos.
Hola Bélgica.
¿Dónde, tu primer abrazo?
¿Cuándo, la primera última llamada?
En el otro lado, estaríamos ahí en Coogan’s.

No lo sabíamos.

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La familia Coogan’s
Las historias son innumerables. Bautismos y velorios. Cumpleaños y aniversarios. Reuniones de la Junta Comunitaria y horas de karaoke. No hubo un momento que no se pudiera celebrar en Coogan’s, donde el dolor y la alegría eran bienvenidos en igual y cálida medida.

En Coogan’s, todos eramos familia.

A medida que las noticias de su cierre resuenan, celebremos y levantemos una copa ante la institución de Broadway que nos unió, que nos hizo familia.

Comparta y envíe una foto favorita de un momento imborrable, tonto, importante y sombrío en Coogan’s, cuéntenos un poco al respecto y etiquétela con #CoogansKin.

Las publicaremos y las reuniremos para una retrospectiva de la Familia Coogan’s para compartir con todos.

#CoogansKin