Submit and Sue Won’t Do
Alto a la sumisión

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Submit and Sue Won’t Do

“The Constitution is not an instrument for the government to restrain the people, it is an instrument for the people to restrain the government — lest it come to dominate our lives and interests.”

By Roberto Ramírez, Esq. 

Former Member of the New York State Assembly (1990-2000), Founding Partner of the MirRam Group, and Publisher of The Manhattan Times and The Bronx Free Press.

American Revolution-era orator Patrick Henry’s thought is instructive in the current national debate over police encounters with civilians in which the latter end up beaten, arrested and even killed.

A public discussion about the need to reach an adequate balance between law enforcement and the fundamental constitutional rights of individuals, is long overdue.

Unless such balance is achieved, the lives and liberty of many, particularly people of color, will continue to be placed at risk.

American tennis star James Blake, mistakenly and forcibly detained earlier this month, would certainly agree that the dialogue must be renewed.

Anyone stopped by a law enforcement officer should be respectful and obey the instructions given to them by the officer. Such conduct protects the officer and themselves. Officers, in turn, should comport themselves in accordance with the law, and with civility and respect, when interacting with the public.

However, it has become a tenet of late, that a person, who has arguably committed no crime and broken no laws, is stopped by a police officer, must accept as the only rational response to submit without so much as a word of resistance or insistence on lawful treatment.

Patrick Henry.

Patrick Henry.

Regardless of how illegal the stop is, or how abusive, offensive or unlawful the officer’s conduct might be, the person detained or stopped should, essentially, submit.

Accepting the notion of inevitability of poor police conduct as endemic to law enforcement is inherently an unprincipled position that needs to be re-examined.

It is also arguably unconstitutional.

The U.S. Constitution, the Bill of Rights, and particularly the Fourth Amendment, were specifically enacted to rebuke and guard against the potential abuses of government in the performance of its duties.

And, yet we are repeatedly warned that the prudent conduct for any individual who is stopped by the police, regardless of the circumstances, is to submit to whatever is demanded of them by officers.

It is suggested that if stopped, we must allow ourselves to be manhandled, verbally abused, bullied and even physically assaulted – as a means of warding off what could be a worse scenario.

The presumption is that any grievance could be redressed afterwards in a court of law, and it has become accepted by pundits and law enforcement experts as the appropriate course of action for the beleaguered individual who has braved a police incident in which they have endured insult, violence, or worse.

This misguidedly presumes that, once brought before a judge, an individual will have the means and resources to secure the time, representation and bail, if necessary, to purse a complaint later. Even if an innocent person manages to have unjustified charges dismissed, seeking remedy afterwards will never undo the deprivation of fundamental constitutional rights, humiliation, and loss of freedom.

Beyond the constitutional infringements, other significant consequences of “submit-now-and-sue-later,” include the unavoidable loss of law enforcement legitimacy, and the cost of settlements brought by victims, a price ultimately paid by taxpayers.

Because law enforcement officers are granted the powers to arrest, seize property, and even use deadly force on behalf of the state, the Constitution charges them with greater responsibilities in executing their duties.

They must be held to a higher standard of character and moral judgment, than a policy of “submit-and-sue” suggests.

We must demand that police officers treat, without exception, every person they detain with respect, and under the presumption that the person has committed no crime – unless they have the probable cause to believe otherwise.

It is crucial that law enforcement officers realize the right to stop individuals derives not only from the badge, but from authority that flows directly from the Constitution they are sworn to uphold.

Roberto Ramírez, Esq.

Roberto Ramírez, Esq.

Until the mindset suggesting that free people should submit themselves to abuse by those hired to protect them is debunked, there must be an outcry by the legal community and those law enforcement officers who currently understand they do not have powers to abuse, mistreat or endanger civilians.

There should be a clear-eyed examination on the broad impact of “submit-and-sue” as an appropriate response when confronted with police abuse.

The public should not accept that the only course of action for law-abiding individuals is to be at the mercy of those who have a Constitutional duty to protect them.

Instead, let us be unyielding in the pursuit of a more just and ethical society, as constructed by all its members – on both sides of the badge.

 

Alto a la sumisión

“La Constitución no es un instrumento para que el gobierno frene la gente, sino para que la gente refrene al gobierno, para que no llegue a dominar nuestras vidas e intereses”.

Por el Sr. Roberto Ramírez

Ex miembro de la Asamblea del estado de Nueva York (1990-2000), socio fundador del Grupo Mirram, y editor de The Manhattan Times y The Bronx Free Press

Roberto Ramírez, Esq.

Roberto Ramírez, Esq.

El pensamiento de la época de la Revolución Americana del orador Patrick Henry es instructivo en el debate nacional actual sobre los encuentros de la policía con los civiles, en los cuales los últimos terminan golpeados, detenidos e incluso hasta asesinados.

Un debate público sobre la necesidad de alcanzar un equilibrio adecuado entre la aplicación de ley y los derechos constitucionales fundamentales de las personas ha sido largamente esperado.

A menos que se logre ese equilibrio, la vida y la libertad de muchos, en particular de las personas de color, continuarán estando en riesgo.

James Blake, estrella estadounidense del tenis, fue detenido erróneamente y por la fuerza a principios de este mes, sin duda él está de acuerdo en que el diálogo debe ser renovado.

Cualquier persona detenida por un oficial de la ley debe ser respetuosa y obedecer las instrucciones dadas por el oficial. Tal conducta protege al oficial y a ella misma. Los oficiales, a su vez, deben comportarse de acuerdo con la ley, manejándose con cortesía y respeto, al interactuar con el público.
Sin embargo, se ha convertido en un principio en los últimos días el que una persona que posiblemente no ha cometido ningún crimen ni violado ninguna ley y que sea detenida por un oficial de policía, debe aceptar como única respuesta racional el someterse, sin ni siquiera una palabra de resistencia o insistencia sobre el trato legal que recibe.

Independientemente de la forma ilegal en que se realice la detención, o qué tan abusiva, ofensiva o ilegal pueda ser la conducta del oficial, la persona detenida debe, esencialmente, someterse.

Aceptar la idea de la inevitabilidad de la mala conducta de la policía como endémica de la aplicación de la ley es de por sí una posición sin principios que hay que reexaminar.

También es discutiblemente inconstitucional.

La Constitución de los Estados Unidos, la Carta de Derechos y en particular la Cuarta Enmienda, se promulgaron específicamente para reprender y proteger a los ciudadanos contra los posibles abusos del gobierno en cuanto al cumplimiento de sus funciones.

Sin embargo, se nos advierte repetidamente que la conducta prudente para cualquier persona que sea detenida por la policía, independientemente de las circunstancias, es someterse a lo que le exigen los oficiales.

Se nos sugiere que si somos detenidos, debemos permitir que nos maltraten, insulten, intimiden e incluso nos agredan físicamente, esto como medio para protegernos de lo que podría ser un peor escenario.

La presunción es que cualquier reclamo podría corregirse después en un tribunal de justicia, y ha sido aceptado por especialistas y expertos de la aplicación de la ley como el curso de acción apropiado para el individuo que ha enfrentado un incidente policial en el que sufrió insultos, violencia o algo peor.

Esto presupone erróneamente que, una vez llevado ante un juez, un individuo tendrá los medios y recursos para asegurar el tiempo, la representación y la libertad bajo fianza, si es necesaria, para proseguir una queja después. Incluso si una persona inocente logra que le sean desestimados los cargos injustificados, buscar una solución posterior nunca anulará la privación de sus derechos fundamentales constitucionales, la humillación y la pérdida de la libertad.

Patrick Henry.

Patrick Henry.

Más allá de las violaciones constitucionales, otras consecuencias importantes de la política de “someterse-ahora-y-demandar-después” incluyen la pérdida inevitable de la legitimidad de la ley y el costo de los acuerdos logrados con las víctimas, precio que pagan los contribuyentes.

Debido a que a los agentes del orden se les conceden poderes para arrestar, incautar propiedades e incluso utilizar la fuerza letal en nombre del estado, la Constitución les acusa de mayores responsabilidades en la ejecución de sus funciones.

Ellos deben sujetarse a un nivel superior de carácter y juicio moral del que sugiere la política de “someterse-y-demandar”.

Debemos exigir que los oficiales de policía traten, sin excepción, a todas las personas que detienen con respeto y bajo la presunción de que la persona no ha cometido ningún delito, a menos que tengan una causa probable para creer lo contrario.

Es crucial que los agentes del orden se den cuenta de que el derecho de detener individuos no deriva solamente de la insignia, sino de la autoridad originada directamente de la Constitución que han jurado defender.

Hasta que la mentalidad que sugiere que las personas libres deben someterse al abuso de las personas contratadas para protegerlas sea desacreditada, debe haber una protesta de la comunidad jurídica y de los agentes de la ley que actualmente entienden que no tienen facultades para abusar, maltratar o poner en peligro a la población civil.

Debe haber un examen lúcido sobre el amplio impacto de “someterse-y-demandar”, como una respuesta adecuada cuando se enfrentan abusos policiales.

El público no debe aceptar que el único curso de acción para las personas respetuosas de la ley es estar a merced de los que tienen el deber constitucional de protegerlos.

En cambio, seamos inflexibles en la búsqueda de una sociedad más justa y ética, construida por todos sus miembros, a ambos lados de la insignia.