Play and pliés
Juego y pliés

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Play and pliés

Story and photos by Sherry Mazzocchi


“It’s great,” says parent Andrés Cao of The Dance Project.

Andrés Cao is a Washington Heights-based dancer who has performed in a string of Broadway hits: Aladdin, Anything Goes and Nice Work if You Can Get It.

When he and his wife decided to introduce their three-year-old daughter Lua to dance, they found the perfect place only a few blocks away—The Dance Project of Washington Heights.

“She’s learning a lot,” said Cao. “It’s great.”

Lua attends class at least once a week with about a dozen other children her age.

Dressed in tights, tulle or tutus, they form a choo-choo train to enter the studio.  Once inside, they make shapes with their arms and legs and learn to walk on a simple beat. Later, they practice pliés and relevés to Pharrell William’s Happy.

Sophie, Lua’s mom, likes Dance Project’s flexibility and pay-what-you can philosophy. She’s even considering taking her four-month-old to their infant classes.

The program’s co-founder Heather Godfrey has lived in the Heights for about 10 years. She’s been teaching since age 15, has a degree in dance from Barnard and performed in professional theatre. But after having her son, she didn’t relish traveling to other neighborhoods to teach. She looked at local afterschool programs in Northern Manhattan and found them expensive, sometimes as much as $30 a class.

“I couldn’t afford that,” she said. “And I know many families can not afford it.”


The program has five teachers and offers 16 classes.

She and a friend, Susan Dodge, decided to start the Dance Project. Dodge had her own dance company and had also performed with the likes of Doug Merrifield and Paul Taylor. Godfrey started by asking her church to donate space for classes. “We weren’t really sure that it would work out,” she said.

Now, about two years later, they have five teachers and offer 16 classes in three different Heights locations—Holy Rood Church, the United Palace and Mind Body Soul Yoga. They offer basic movement classes for parents with infants, creative movement for toddlers, and tap, ballet and modern dance classes for older children and teens.


There is a pay-what-you can philosophy.
Photo: The Dance Project

Both boys and girls attend. Some of their teachers have training to work with children with special needs as well. Class sizes keep growing. Godfrey says that if they had more space, they could fill still more classes.

Mind Body Soul Yoga founder Alyssa Snow said she enjoys having the program in her studio. Her daughter is also a student. “When you have children and Pharrell William’s Happy—you get joy,” Snow said. “I think it ups the vibration completely.”

The pay-what-you-can model has worked out in Dance Project’s favor. While some parents—and even teens—can’t afford very much at all, others can. So far, they’ve managed to pay instructors, insurance and rent. It is helpful that most of the space is donated or offered at reduced rates. They are also working on getting a 501(c) 3 status to apply for grants and donations to supplement programming.

Parents appreciate that the program is right in the neighborhood. Dee Pelletier enjoys that she is able to do something local and not to have to take her three-year-old daughter on the subway. “She wants to be here,” Pelletier said.

Others like that they don’t have to commit to a full program. Instead, they can drop in and take classes anytime. Sipporah Tracer’s three-year-old daughter attends regularly. In between classes, Sarah practices moves with her stuffed animals at home.

“It’s the best thing in Washington Heights,” her mother said. “It’s what’s keeping us here.”

Others say the classes are more than just about dance. Sarah Camacho-García’s six-year-old daughter Sofia has taken classes for two years. Her daughter’s increased confidence has carried into the classroom. At a recent school presentation, most of the other children her age were shy about reading out loud in front of a group.


“It’s the best thing in Washington Heights,” says Sarah Camacho-García.

“Sarah was very comfortable standing there, pointing to the pictures and speaking clearly,” she said. “I know coming to these classes has really nurtured that in her,” she said.

Teaching proper dance technique is important, but Godfrey said it’s necessary to do it in a way that’s supportive, and not make children feel like they are doing something wrong.

“We don’t start out by making them do pliés perfectly,” she said. “The most important thing is that they love it and want to be here. Once they love it, they commit themselves and want to learn more.”

She said that the older students are very focused.  “They work hard to learn,” she said.  “But they wouldn’t have gotten there if they’d been too scared to come to class.”
Cao’s daughter clearly isn’t afraid to come. “I think it’s good that she learns on her own,” said her father. “She’s showing me what a tendu is and what a plié is.”

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Juego y pliés

Historia y fotos por Sherry Mazzocchi


“Es genial”, dice el padre Andrés Cao del Proyecto de Danza.

Andrés Cao es un bailarín de Washington Heights que ha participado en una serie de éxitos de Broadway: AladdinAnything Goes y Nice Work if You Can Get It.

Cuando él y su esposa decidieron introducir a su hija de tres años de edad, Lua, al mundo del baile, encontraron el lugar perfecto a sólo unas cuadras de distancia: el Proyecto de Danza de Washington Heights.

“Está aprendiendo mucho”, dijo Cao. “Es genial”.

Lua asiste a clase al menos una vez a la semana con una docena de otros niños de su edad.

Se visten con medias, tul o tutús, y forman un tren chu-chu para entrar al estudio. Una vez dentro, hacen figuras con sus brazos y piernas y aprenden a caminar a un ritmo simple. Más tarde, practican pliés y relevés al compás de la canción Happy de Pharrell Williams.

A Sophie, la madre de Lua, le gusta la flexibilidad del Proyecto de Danza y su filosofía de pague-lo-que-pueda. Incluso ha considerado llevar a su hijo de cuatro meses de edad a las clases infantiles.

Heather Godfrey, cofundadora del programa, ha vivido en the Heights por unos 10 años. Ella ha dado clases desde los 15 años, tiene un título en danza de Barnard y participó en el teatro de forma profesional, pero después de tener a su hijo no le entusiasmaba la idea de viajar a otros barrios para enseñar. Buscó programas locales para después de la escuela en el norte de Manhattan y los encontró caros, algunos costaban hasta $30 dólares por clase.


El programa cuenta con 5 profesores y ofrece 16 clases.

“No podía pagar eso”, dijo. “Y sabía que muchas familias no podían pagarlo tampoco”.

Ella y una amiga, Susan Dodge, decidieron iniciar el Proyecto de Danza. Dodge tenía su propia compañía de baile y también había actuado con gente de la talla de Doug Merrifield y Paul Taylor. Godfrey comenzó pidiendo a su iglesia que donara un espacio para las clases. “No estábamos muy seguras de que funcionara”, dijo.

Ahora, dos años después, tienen cinco profesores y ofrecen 16 clases en tres lugares diferentes en the Heights: la iglesia Holy Rood, el United Palace y Mind Body Soul Yoga. Ofrecen clases básicas de movimiento para padres con bebés, movimiento creativo para niños pequeños, y clases de tap, ballet y baile moderno para niños mayores y adolescentes.


Sigue una filosofía de pague-lo-que-pueda.
Foto: The Dance Project

Tanto niñas como niños pueden asistir. Algunos de los profesores tienen la formación necesaria para trabajar con niños con necesidades especiales. Las clases siguen creciendo. Godfrey dice que si tuvieran más espacio, podrían ofrecer más clases.

La fundadora de Mind Body Soul Yoga, Alyssa Snow, dijo que disfruta tener el programa en su estudio. Su hija también toma las clases. “Cuando tienes niños y los mezclas con la canción Happy de Pharrell Williams, tienes alegría”, señaló Snow. “Creo que aumenta la vibra”.

El modelo pague-lo-que-pueda le ha funcionado al Proyecto de Danza. Mientras que algunos padres -e incluso adolescentes- no pueden pagar mucho, otros sí. Hasta el momento se las han arreglado para pagar instructores, seguros y renta. Ayuda que gran parte del espacio sea donado u ofrecido a precios reducidos. También están trabajando para conseguir un  estatus 501 (c) 3 para solicitar subvenciones y donaciones para complementar la programación.

Los padres valoran que el programa esté justo en el barrio. Dee Pelletier disfruta poder hacer algo local y no tener que llevar a su hija de tres años de edad en el metro. “Ella quiere estar aquí”, dijo Pelletier.

A otros les gusta no tener que comprometerse a un programa completo, pueden pasar y tomar clases en cualquier momento. La hija de Sipporah Tracer, de tres años de edad, asiste regularmente. Entre clases, Sarah practica movimientos con sus animales de peluche en casa.

“Es lo mejor de Washington Heights”, dijo su madre. “Es lo que nos mantiene aquí”.


“Trabajan duro para aprender”, explica la cofundadora Heather Godfrey.
Foto: The Dance Project

Otros dicen que las clases brindan mucho más que la danza. La hija de Sara Camacho-García, de seis años de edad, Sofía, ha tomado clases durante dos años. Ha llevado al salón de clases la confianza que ha adquirido con la danza. En una reciente presentación escolar, la mayoría de los otros niños de su edad se notaban tímidos a la hora de leer en voz alta delante de un grupo.

“Sarah estaba muy cómoda ahí de pie, apuntando a las fotos y hablando claramente”, dijo. “Sé que venir a estas clases realmente ha alimentado eso en ella”, explicó.

Enseñar la técnica de danza adecuada es importante, pero Godfrey dijo que es necesario hacerlo de una manera que sea de apoyo, evitando que los niños sientan que están haciendo algo mal.

“No empezamos pidiéndoles que hagan pliés perfectos”, comentó. “Lo más importante es que amen la danza y deseen estar aquí. Una vez que la aman, se comprometen y quieren aprender más”.

Explicó que los estudiantes mayores están muy concentrados. “Trabajan duro para aprender”, comentó, “pero no habrían llegado ahí si hubieran tenido miedo de venir a clase”.

La hija de Cao claramente no tiene miedo de asistir. “Creo que es bueno que aprenda por su cuenta”, dijo su padre. “Me enseña lo que es un tendu y un plié”.

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