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More said than done
Más dichos que hechos

More said than done

Story by Elizabeth Lorris Ritter- NY County Democratic Committee, 77th ED


Elizabeth Lorris Ritter.
Elizabeth Lorris Ritter.

Last Thursday, there was a primary election.

As expected, the results left some happy, and others less so.

But mostly people are indifferent, if indeed they even are aware of them at all.

After all was said and done, more was said than done.

Uptown, 10 candidates in 4 District Leader races generated hundreds of pounds of literature, numerous ads and robocalls and hours of events for the elections, in which fewer than 3400 people voted.

When I asked a neighbor the following day, “Didja vote yesterday?,” her response was, “Pffffft! That election didn’t rise to the importance of even registering to care.” And in fairness to her, an otherwise concerned and responsible citizen, she is in the larger company than those of us who cared deeply about the election and the uptowners who bothered to vote.

The day was not without humor, like when I remarked to a police officer at one poll site that saying his expression was the very face of “dying of boredom” was barely hyperbole. Or when, at another site, the poll workers of both parties agreed it’s a shame the Board of Elections doesn’t include a deck of cards in its standard equipment and supplies.

But even people who disagreed on candidates agreed on this: turnout was depressing.

In a world where people have fought and died for the right to vote, in a country where we just celebrated the 50th anniversary of the great march to Selma, it was embarrassing to have poll sites in our own neighborhood that at times were utterly devoid of voters.

Picture this: three Election Districts’ tables each staffed by two people, plus the site coordinator, two people at the door, the info person, two translators and a cop, everyone sitting around bored out of what was left of their minds because there were literally no voters when I visited a site mid-day.

At 2:30 p.m., there had been 22 people; by day’s end that had almost tripled, to 63.

A significant increase as related to the starting point, but…please.

Another site that had 23 voters mid-day wound up the day with only 39. Sigh.

In my own ED and the ones nearby, voter turnout was much higher than in the rest of the district. But still, only about 6% voted. That’s pretty sad. And it can’t really be blamed on the relocation of a long-familiar poll site from a nearby school to one many blocks and a steep hill away. Turnout in those EDs in which voters had to schlep down the stairs was comparable to those who were relocated less inconveniently.

But what gave me the most pause were the ED at the southernmost end of the district (in the 150’s) where only 11 people voted, and the northernmost ED, which consists of a single building, from which only two votes were cast. Two!  Seriously?!

There are 60 registered Democrats in that building, many of them involved in local civic life, readers of this paper, active on the Facebook pages where these elections were discussed, and aware of this election.

And only two of them voted.

What can we really expect of our democracy when that is the level of engagement?

Woody Allen was right: 99% is about just showing up. How can we complain about our government when we as a collective citizenry don’t care enough to show up?

Más dichos que hechos

Por Elizabeth Lorris Ritter- Comité Demócrata, condado de NY, 77° distrito electoral


Did you vote?
¿Usted votó?

El jueves pasado hubo una elección primaria.

Como era de esperarse, los resultados dejaron a algunos felices y a otros no tanto.

Pero sobre todo hizo evidente que la gente es indiferente, si acaso es consciente de eso.

Después de que todo fue dicho y hecho, se dijo más de lo que se hizo.

Al norte del condado, 10 candidatos en 4 contiendas por el liderazgo distrital generaron cientos de libras de literatura, numerosos anuncios, llamadas telefónicas automáticas y horas de eventos para las elecciones, en las que menos de 3400 personas votaron.

Cuando le pregunté a una vecina al día siguiente, “¿votó ayer?”, su respuesta fue, “¡Pffffft!”. Esa votación no le preocupó lo suficiente para registrarse. Y para ser justos con ella, una ciudadana -aparte de eso- preocupada y responsable, está acompañada en mayor número que nosotros, quienes nos preocupamos mucho por las elecciones y los residentes del norte del condado que nos molestamos en votar.

El día no estuvo exento de humor, como cuando le comenté a un agente de policía en un centro de votación que por su expresión, decir que la suya era la cara misma de “morir de aburrimiento” era apenas una hipérbole. O cuando, en otro sitio, los trabajadores electorales de ambos partidos acordaron que era una pena que la Junta Electoral no incluyera un mazo de cartas en su equipo y suministros estándar.

Pero incluso las personas que no estaban de acuerdo sobre los candidatos sí estuvieron de acuerdo en esto: la participación fue deprimente.

En un mundo donde la gente ha luchado y muerto por el derecho a votar, en un país donde acabamos de celebrar el 50 aniversario de la gran marcha de Selma, fue vergonzoso tener centros de votación en nuestro propio vecindario que a veces estuvieron totalmente desprovistos de votantes.

Imagine esto: tres mesas de distritos electorales, cada una integrada por dos personas, más el coordinador del sitio, dos personas en la puerta, la persona de información, dos traductores y un policía, todos sentados aburridos, porque no había, literalmente, ningún votante cuando visité un sitio al mediodía.

Hasta las 2:30 pm 22 personas habían votado, al cierre la cifra casi se triplicó a 63.

Un aumento significativo en relación con el punto de partida, pero… ¡por favor!

Otro sitio que llevaba 23 votantes al mediodía terminó el día con sólo 39. Suspiro.

En mi propio distrito electoral, y los más cercanos, la participación fue mucho mayor que en los demás. Pero aun así, sólo un 6% votó. Eso es muy triste. Y en realidad no puede atribuirse a la reubicación de un centro de votación largamente conocido de una escuela cercana a uno a muchas cuadras y una empinada colina de distancia. La participación en esos distritos electorales en los que los votantes tenían que arrastrarse por las escaleras fue comparable a los que fueron reubicados menos inconvenientemente.

Pero lo que me dio la mayor sorpresa fueron: uno en la parte más sureña del distrito electoral (en el 150) donde sólo 11 personas votaron, y otro en el más septentrional, que consiste de un edificio individual, en el cual sólo se registraron dos votos. ¡Dos! ¡¿En serio?!

Hay 60 demócratas registrados en ese edificio, muchos de ellos involucrados en la vida cívica local, lectores de este periódico, activos en las páginas de Facebook en las que se discutieron estas elecciones y conscientes de esta elección.

Y sólo dos de ellos votaron.

¿Qué podemos realmente esperar de nuestra democracia cuando ese es el nivel de compromiso?

Woody Allen tiene razón: el 99% se trata de aparecer. ¿Cómo podemos quejarnos de nuestro gobierno cuando a nosotros, como ciudadanía colectiva, no nos importa lo suficiente como para aparecer?

 

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