Living El Alto: Being Latino
Viviendo El Alto: Ser latino

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Living El Alto: Being Latino

by Gloria Pazmiño

National Hispanic Heritage month kicked off this part Thurs. Sept 15th, a celebration of Latino culture, dance, and food that thrives in El Alto. Pictured here are cojuelos dominicanos, characters of Dominican carnaval in folkloric costume.

I think in English but dream in Spanish. Math is easier in Spanish but sometimes I need to throw English into the middle of my Spanish sentence. I am a better debater in English, but a better singer in Spanish. My I-Pod goes from Hector Lavoe to Big Pun, and Al Greene, back to El Grupo Niche and a little bit of R&B.

My hair curls around my forehead in springy coils after a long day. Curls that allow me to bend and break them almost everyday, not in a struggle to change what I was given, but blessed to be able to do whatever I want with them.

My mother is old school and my grandmother makes the best Sancocho. Being Latino means that I grew up watching my mother work and always care for others while putting herself last.
It means that growing up in this country I’ve learned to do both, or at least try.

I revolt at any sight of inequality and defeat stereotypes when I hear them. I belong, live and work here. My people are here.

National Hispanic Heritage month kicked off this part Thurs. Sept 15th. The month long celebration was enacted into law in 1988 after President Ronald Reagan expanded the celebration to last thirty days.

As the nation tunes into the month, for the brief moment while the spotlight will shine on Latino culture and its people, I studied the neighborhood. My little Latino epicenter and the home that has adopted me in the past year – a menagerie of Caribbean influences, blended with a growing Mexican and Central American population, along with those who have been here for decades, white or black, and absorbent of the rich culture around them.

For some being Latino might just reference the place where your parents were born, it might reference the other language you speak, your occasional craving for pastelitos and the natural ‘son’ you have when you hear the accelerated but smooth beat of salsa.

We are 50 million strong from the West to the East coast. We are powerful group with influences in American culture, its food, and language. And in our neighborhood, Latino pride is palpable.

This past weekend we even celebrated with a food extravaganza at the first-ever Platano Festival, highlighting the importance of the food staple for all Latin American cultures. The green fruit that yields everything from juice to mangu, the Dominican breakfast staple is without a doubt a unifying link among our cultures.

That same unifying link is alive and vibrant in our neighborhood, which provides us ready access to our foods, flavors, and products. Our language is spoken everywhere, in different accents and pronunciations but an overall understanding of what we’re saying.

I only ask that we take this opportunity to celebrate Latino heritage to remember and appreciate the place where we live, that we continue working towards bringing down barriers that might separate us from time to time, amongst Latinos and others.

Let’s continue to pass on our traditions, instead of letting them die with the passage of time.

We are not a homogenous group, but we should hold on to our common roots, maintain the strength of our families while continuing to rejoice in blessings, and dance the night away.

Viviendo El Alto: Ser latino

por Gloria Pazmiño

El Mes Nacional de la Herencia Hispana inició este jueves 15 de septiembre, una celebración de la cultura latina, baile y comida que prospera en El Alto.

Pienso en inglés, pero sueño en español. La matemática es más fácil en español, pero a veces tengo que añadir una palabra en inglés en una que otra frase. Soy mejor argüidora en inglés, pero mejor cantante en español. Mi I-Pod toca al son de Hector Lavoe, pasando por Big Pun, y Al Green, de vuelta a El Grupo Niche y un poco de R & B.

Mi cabello se riza alrededor de mi frente como elástico después de un largo día. Rizos que me permiten que los doble y los rompa casi todos los días, no en una lucha por cambiar lo que me tengo, pero la bendición de poder hacer lo que quiera con ellos.

Mi madre es de la vieja escuela y mi abuela hace el mejor sancocho. Ser Latina significa que crecí viendo a mi madre trabajar y siempre cuidar de los demás, mientras se ponía de última.

Significa que creciendo en este país he aprendido a hacer las dos cosas, o al menos intentarlo.
Me rebeló en cualquier vista de estereotipos y la desigualdad y los derroto cuando los oigo. Yo vivo y trabajo aquí. Mi pueblo esta aquí.

El Mes Nacional de la Herencia Hispana inició este jueves 15 de septiembre. La celebración se convirtió en ley en 1988 después que el presidente Ronald Reagan expandió la celebración para que durara treinta días.

Mientras la nación se entona a la celebración y el centro de atención brilla en la cultura latina y su gente, estudie el barrio. Mi pequeño epicentro latino y la casa que me ha adoptado en el último año – una colección de influencias caribeñas, mezclada con una creciente población Mexicana y de Centro América, junto con aquellos que han estado aquí durante décadas, blancos o negros, y absorbentes de la rica cultura que les rodea.

Para algunos ser latino sólo hace referencia al lugar donde sus padres nacieron, también puede hacer referencia al idioma que hablan, y justificar su antojo ocasional de pastelitos y el son natural que tiene cuando escucha el ritmo acelerado de una salsa.

Somos 50 millones desde la costa oeste hacia la costa este. Somos un grupo potente, con influencias en la cultura estadounidense, su comida, y el lenguaje. Y en nuestro barrio, el orgullo latino es palpable.

Este fin de semana pasado incluso celebramos con un gran espectáculo alimenticio en el primer Festival del Plátano, destacando la importancia del alimento básico para todas las culturas de América Latina. La fruta verde que produce todo, desde jugo hasta mangú, el desayuno típico dominicano, el plátano es sin duda un lazo de unión entre nuestras culturas.

Ese mismo vínculo unificado está vivo y vibrante en nuestro barrio, lo que nos facilita el acceso a nuestros alimentos, sabores y productos. Nuestro idioma se habla en todas partes, en los diferentes acentos y pronunciaciones, pero con una comprensión general de lo que estamos diciendo.

Yo sólo pido que aprovechemos esta oportunidad para celebrar la herencia latina, recordar y apreciar el lugar donde vivimos, y que sigamos trabajando para eliminar las barreras que nos separan de vez en cuando, entre los latinos y los demás.

Vamos a continuar a pasando tradiciones, en lugar de dejarlas morir con el paso del tiempo.
No somos un grupo homogéneo, pero debemos aferrarnos a nuestras raíces comunes, mantener la fortaleza de nuestras familias sin dejar de regocijarse en las bendiciones, y bailar toda la noche.