Hope Matters
La esperanza importa

  • English
  • Español

Hope Matters

By Kathleen M. Pike

Hope can be cultivated.

Lose hope, game over.

The words of a dear friend ring in my ears these days. But it’s hard to stay hopeful. Just when it seems like things cannot get worse, they do. The events of these days feel like a deluge that is distressing and disturbing. They feel like a darkness that poses real threats to our mental health.

Now more than ever, we need to find the cracks in this night and turn to the light.

Now more than ever, we cannot lose hope. I promise you.

Hope matters. We can cultivate it. We can teach it.

1. What is hope? It is a word we all know and use. For some of us, it has a sweeping positive valence. For others, hope is nice but optional. And then there are those who think cynicism is wise and hope is naïve. According to Kathryn Goetzke, iFred Founder, “Hope is a positive feeling and inspired action. It is not a wish. Hope is a proven strategy that impacts all life outcomes.” Science concurs. The late C. R. Snyder, a central figure in hope research, defines three key components of hope: goal, agency and pathway. When we are hopeful, we feel capable and motivated to develop and pursue pathways to desired goals.

Resourcefulness is a vital value.

2. Hope is the bedrock of mental health and well-being. The data are quite clear. Hope impacts virtually all dimensions of life, including academic outcomes, athletic performance, health prognosis, and resilience. Higher hope is associated with higher grades, improved attention in class, better sports performance, better quality relationships, and less likelihood of violence, risky behaviors, addiction, and loneliness.

3. Without hope, the lights go out. Hope is a known protective factor, and conversely, hopelessness is a known risk factor for anxiety, depression, substance abuse, and suicidal thinking. Some studies find that hopelessness (but not depression) predict suicide in both clinical and community groups. Some studies find that hopelessness is a stronger predictor of repeat suicide attempts than depression. Other studies find the opposite. Of course, all mental health outcomes are multi-determined, and diverse combinations of factors can confer risk. This nuance is important for researchers to study further to improve care. But we can confidently say that hopelessness has never been found to predict positive mental health, and it is frequently associated with poor mental health.

Snyder is well-versed in hope research.

4. Cultivating hope. The activities that help us cope in difficult times also have the potential to help us cultivate hope. When we feel we are running low on hope, some things we can do include: focusing on what we can change, meditating, journaling, serving a larger cause, reading, learning from role models, laughing, exercising, engaging socially, taking time for self-care, focusing on gratitude and more. The list is nearly infinite and will vary from person to person. These strategies help us refine our goals, refuel our sense of agency, and recommit to our path – the essential features of hope.

5. Hope can be taught. Hopeful Minds is a project developed by the International Foundation for Research and Education on Depression (iFred). Hopeful Minds is based on research that suggests hope is a measurable and teachable skill. Hopeful Minds aims to equip children, educators, and parents with the tools they need to create, maintain, and grow hope even during the most trying times. The program reinforces the eight National Health Education Standards set forth by the CDC, and meets the Social Emotional Learning Guidelines. It is informed by extensive research on Adverse Childhood Experiences. iFred Founder Goetze says, “Hopeful Minds gives children a roadmap to create, sustain, and grow their hopeful mindset.”

Focus on serving a larger cause.

The Hopeful Minds Curricula for school aged children was just launched. It was designed to be used and adapted remotely. You can download your free Hopeful Minds Curricula, Parent Guide and Supplemental Resources at bit.ly/3no7PzD.

To be sure, and to be honest, sometimes I feel flattened with dread and despair these days. And then I am reminded of the poetic reference that the darkest hour of all is the hour before dawn. Let’s hope so.

Kathleen M. Pike, PhD is Professor of Psychology and Director of the Global Mental Health Program at the Columbia University Medical Center (CUMC). For more information, please visit cugmhp.org.

La esperanza importa

Por Kathleen M. Pike

La esperanza es la base de la salud mental.

Se pierde la esperanza, se acaba el juego.

Las palabras de un querido amigo resuenan en mis oídos estos días. Pero es difícil mantener la esperanza.

Justo cuando parece que las cosas no pueden empeorar, lo hacen. Los acontecimientos de estos días se sienten como un diluvio angustioso y perturbador. Se sienten como una oscuridad que representa una amenaza real para nuestra salud mental.

Ahora más que nunca, necesitamos encontrar las grietas en esta noche y regresar hacia la luz.

Ahora más que nunca, no podemos perder la esperanza. Se los prometo.

La esperanza importa. Podemos cultivarla. Podemos enseñarla.

1. ¿Qué es la esperanza? Es una palabra que todos conocemos y usamos. Para algunos de nosotros, tiene una valencia positiva arrolladora. Para otros, la esperanza es agradable pero opcional. Y luego están los que piensan que el cinismo es sabio y la esperanza es ingenua. Según Kathryn Goetzke, fundadora de iFred: “la esperanza es un sentimiento positivo y una acción inspirada. No es un deseo. La esperanza es una estrategia comprobada que impacta todos los resultados de la vida”. La ciencia está de acuerdo. El difunto C. R. Snyder, una figura central en la investigación de la esperanza, define tres componentes clave de la esperanza: meta, agencia y camino. Cuando tenemos esperanzas, nos sentimos capaces y motivados para desarrollar y seguir caminos hacia las metas deseadas.

La esperanza se puede cultivar.

2. La esperanza es la base de la salud mental y el bienestar. La información es bastante clara. La esperanza impacta prácticamente en todas las dimensiones de la vida, incluidos los resultados académicos, el rendimiento deportivo, el pronóstico de salud y la capacidad de recuperación. Una mayor esperanza se asocia con calificaciones más altas, mejor atención en clase, mejor rendimiento deportivo, relaciones de mejor calidad y menos probabilidades de violencia, conductas de riesgo, adicción y soledad.

3. Sin esperanza, la luz se apaga. La esperanza es un factor protector conocido y, a la inversa, la desesperanza es un factor de riesgo conocido de ansiedad, depresión, abuso de sustancias y pensamientos suicidas. Algunos estudios encuentran que la desesperanza (pero no la depresión) predice el suicidio tanto en grupos clínicos como comunitarios. Algunos estudios encuentran que la desesperanza es un indicador más fuerte de repetidos intentos de suicidio que la depresión. Otros estudios encuentran lo contrario. Por supuesto, todos los resultados de la salud mental son múltiples y diversas combinaciones de factores pueden otorgar riesgo. Este matiz es importante para que los investigadores sigan estudiando para mejorar la atención. Pero podemos decir con seguridad que nunca se ha encontrado que la desesperanza prediga una salud mental positiva y que con frecuencia se asocia con una mala salud mental.

Concéntrese en servir a una causa mayor.

4. Cultivar la esperanza. Las actividades que nos ayudan a afrontar tiempos difíciles también tienen el potencial de ayudarnos a cultivar la esperanza. Cuando sentimos que nos estamos quedando sin esperanza, algunas cosas que podemos hacer incluyen: enfocarnos en lo que podemos cambiar, meditar, escribir un diario, servir a una causa más grande, leer, aprender de modelos a seguir, reír, hacer ejercicio, participar socialmente, tomar tiempo para el autocuidado, enfocándose en la gratitud y más. La lista es casi infinita y variará de persona a persona. Estas estrategias nos ayudan a perfeccionar nuestras metas, reabastecer nuestro sentido de agencia y renovar nuestro compromiso con nuestro camino, las características esenciales de la esperanza.

5. La esperanza se puede enseñar. Hopeful Minds es un proyecto desarrollado por la Fundación Internacional para la Investigación y Educación sobre la Depresión (iFred, por sus siglas en inglés). Hopeful Minds se basa en investigaciones que sugieren que la esperanza es una habilidad que se puede medir y enseñar. Hopeful Minds tiene como objetivo equipar a los niños, educadores y padres con las herramientas que necesitan para crear, mantener y hacer crecer la esperanza, incluso durante los momentos más difíciles.

El programa refuerza los ocho Estándares Nacionales de Educación para la Salud establecidos por los CDC y cumple con las Pautas de Aprendizaje Socioemocional. Se basa en una amplia investigación sobre las experiencias adversas de la infancia. La fundadora de iFred, Goetzke, dice: “Hopeful Minds les da a los niños un mapa para crear, mantener y hacer crecer su mentalidad esperanzada”.

El ingenio es un valor vital.

Se acaba de lanzar el plan de estudios de Hopeful Minds para niños en edad escolar. Fue diseñado para ser utilizado y adaptado de forma remota. Puede descargar su currículo, la guía para padres y los recursos complementarios gratuitos de Hopeful Minds en bit.ly/3no7PzD.

Sin duda, y para ser honesta, a veces me siento abrumada por el miedo y la desesperación en estos días. Y entonces me acuerdo de la referencia poética de que la hora más oscura de todas es la hora antes del amanecer. Ojalá.

Kathleen M. Pike, PhD, es profesora de Psicología y directora del Programa Mundial de Salud Mental en el Centro Médico de la Universidad Columbia (CUMC, por sus siglas en inglés). Para más información, por favor visite cugmhp.org.