Fighting mad, and smart
Luchando duro, e inteligentemente

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Fighting mad, and smart

By Carolina Pichardo

Brown

Brown v. the Board of Education struck down racial segregation.

Each week, I write about the great activities taking place in our community, the resources available and what we – as parents – must do to ensure our children’s health and well-being.

Despite my permanent enthusiasm, there are still moments that cause me to wonder if parents in our midst haven’t caved in to despair and haven’t, well, given up.

In the past month, Vice President Joe Biden sat with Parents.com to discuss gun safety and reducing gun violence in our country. He went on to mention the need for stricter gun laws, and how parents can better keep their children safe.

 

During that interview, he went on to describe how parents want the best for the children, and wouldn’t imagine sending their children off to a school with metal detectors and security officers surrounding it.

But Vice President Biden, those are many of our high schools everyday!

Where is the outrage?

Why aren’t our parents angered by this, or making a big deal about the real security of their children?

Why aren’t you incensed that our public school systems continue to constantly flunk the nationwide standards, thus setting up our children for failure?

Why does it sometimes seem that we’ve given up on our Latino and Black children, whose performance on standardized tests, and their graduation rates, are systematically lower than their white and Asian school mates?

What do we need to do differently?

Our Own Shortcomings

There is no denying that it’s not exactly a level playing field.

As minority families, our plight as parents is different. We are still recovering from decades of discrimination and poverty; the devastation wrought by drugs and the AIDS epidemic; high incarceration rates, and the violence that afflicts our urban communities. This is reality for many of us in the Bronx and in northern Manhattan, and throughout the city, where many of these ills continue to wreak havoc on strong family bonds.

But why are our kids still receiving the bad end of that stick?

Quite possibly, because our fighting isn’t smart enough.

Fighting the Good, Smart Fight

topeka state journalSomeone once asked me, “Why is it that white parents seem to have it more together?” Although it angered me to hear this, I had to give it thought. Is that the case?

We know it’s not. No one ethnic group has a lock on good parenting. And while our children have an uphill battle in schools, given some of the challenges we’ve described, they are as avidly nurtured and encouraged to excel and be the best they can possibly by us as parents, by mentors and teachers in schools, by members of their extended family and neighborhood.

But we could take a page from those groups, and communities, in which it seems that academic, social and cultural success are a part of the norm.

We need to get better – and smarter – at fighting back.

We need to begin to organizing, at gathering our resources and maximizing our efforts.

Look to History

Our communities have long fought back against discrimination, racism, and poverty.

We are indeed better for the struggles that have been waged and won.

In 1954, the Supreme Court ruling in Brown v. the Board of Education dismantled the legal framework for racial segregation. The fight for bilingual education has been led by parents in our own communities in the 1960’s and 1970’s in northern Manhattan and the Bronx. They believed that students were being deprived of an education if they were taught in a language they didn’t understand. Today, we have options: bilingual, dual language, and immersion programs.

We have an immense foundation upon which to build – and a responsibility to act.

Positive Signs

bilingual education

The fight for bilingual education has led to greater options for parents.

Believe it or not, things are turning around, bit by bit.

Latino children make up – for the first time – a record 23.9% of the student age population in 2011, according to the Pew Research Center. Not only that, enrollment is over 2 million for Latinos in two-year and four-year colleges, making it the largest minority group on college campuses. Meanwhile, approximately 2.9 million blacks were enrolled in college in 2010, a 1.7 million increase since 1990.

Something is shifting, and we must capitalize on this momentum.

Be the Change

Ask yourself, What am I and my family doing to mobilize positive change?

Have you been to your child’s school lately, and scheduled a visit with the teacher? With school leadership? What do you know about your child’s schedule and curriculum?

Are there local centers of learning and social activity that you can take advantage of for your family, and in which perhaps you can volunteer your time?

Have you spoken recently to other mothers in your building, on your block, at the bodega? What can you all do together to make your children’s world a better, richer and safer space?

Write to us at info@youngurbanmoms.com and let us know what you are doing to fight smart.

Luchando duro, e inteligentemente

Por Carolina Pichardo

Brown

Brown contra la Junta de Educación anuló la segregación racial.

Cada semana escribo sobre las grandes actividades que se desarrollan en nuestra comunidad, los recursos disponibles y lo que nosotros -los padres- debemos hacer para asegurar la salud de nuestros hijos y su bienestar.

A pesar de mi entusiasmo permanente, todavía hay momentos que me hacen preguntarme si los padres en nuestro medio no hemos cedido a la desesperación y si no nos hemos dado por vencidos.

En el último mes, el vicepresidente Joe Biden se sentó con Parents.com para discutir la seguridad de las armas y la reducción de la violencia con armas de fuego en nuestro país. Luego habló de la necesidad de que las leyes sean más estrictas y sobre cómo los padres pueden mantener a sus hijos más seguros.

Durante esa entrevista, describió cómo los padres quieren lo mejor para sus hijos, y no quería imaginar enviarlos a una escuela con detectores de metales y agentes de seguridad a su alrededor.

Pero Vicepresidente Biden, ¡esas son muchas de nuestras secundarias todos los días!

¿Dónde está la indignación?

¿Por qué no están nuestros padres enojados por esto, o ejecutando algo grande sobre la verdadera seguridad de sus hijos?

¿Por qué no te indigna que nuestros sistemas escolares públicos sigan constantemente reprobando las normas en todo el país, preparando así a nuestros hijos para el fracaso?

¿Por qué a veces parece que hemos renunciado a nuestros niños latinos y negros, cuyo rendimiento en pruebas estandarizadas, y tasas de graduación, son sistemáticamente más bajas que las de sus compañeros de clase blancos y asiáticos?

¿Qué es lo que tenemos que hacer de manera diferente?

Nuestros propios defectos

No se puede negar que no es exactamente un campo de juego nivelado.

Siendo familias de minorías, nuestra situación como padres es diferente. Estamos aún recuperándonos de décadas de discriminación y pobreza, de la devastación causada por las drogas y la epidemia del SIDA, de las altas tasas de encarcelamiento y la violencia que afecta a nuestras comunidades urbanas. Esta es la realidad para muchos de nosotros en el Bronx y en el norte de Manhattan, y en toda la ciudad, donde muchas de estas enfermedades siguen causando fuertes estragos en los lazos familiares.

Pero, ¿por qué nuestros niños siguen recibiendo lo malo de esa realidad?

Muy posiblemente, porque nuestra lucha no es lo suficientemente inteligente.

Peleando una buena e inteligente batalla

topeka state journalUna vez alguien me preguntó: “¿Por qué los padres blancos parecen estar más umidos?” Aunque me enfurecí al oír esto, tuve que darle una pensada. ¿Es ese el caso?

Sabemos que no es así. Ningún grupo étnico tiene un bloqueo en una buena crianza. Y mientras nuestros niños tienen una batalla cuesta arriba en las escuelas, teniendo en cuenta algunos de los problemas que hemos descrito, son tan ávidamente alimentados y alentados para sobresalir y ser lo mejor que puedan ser, por nosotros los padres, por los mentores y maestros en las escuelas, por miembros de su amplia familia y el vecindario.

Pero podríamos tomar una página de esos grupos y comunidades, en los que parece que el éxito académico, social y cultural son parte de la norma.

Tenemos que ser mejores -y más inteligentes- para defendernos.

Tenemos que empezar a organizarnos, a reunir nuestros recursos y maximizar nuestros esfuerzos.

Mirar la Historia

bilingual education

La lucha por la educación bilingüe ha dado lugar a mayores opciones para los padres.

Nuestras comunidades han luchado durante mucho tiempo contra la discriminación, el racismo y la pobreza.

Estamos mejor por las luchas que se han librado y ganado.

En 1954, el fallo de la Corte Suprema en el caso Brown v el Consejo de Educación desmanteló el marco legal de la segregación racial. La lucha por la educación bilingüe fue dirigida por los padres en nuestras propias comunidades en los años 1960 y 1970 en el norte de Manhattan y el Bronx. Ellos creían que los estudiantes estaban siendo privados de una educación si se les enseñaba en un idioma que no entendían. Hoy en día tenemos opciones: aprendizaje bilingüe, dual y programas de inmersión.

Tenemos una enorme base sobre la cual construir – y la responsabilidad de actuar.

Señales positivas

Lo crean o no, las cosas están cambiando poco a poco.

Los niños latinos constituyeron -por primera vez- un récord del 23.9% de la población en edad estudiantil en 2011, según el Centro de Investigación Pew. No sólo eso, la matrícula es de más de 2 millones de latinos en universidades en programas de dos y cuatro años, por lo que es el grupo minoritario más grande en los campos universitarios. Mientras tanto, aproximadamente 2.9 millones de negros se matricularon en la universidad en 2010, un aumento de 1.7 millones desde 1990.

Algo está cambiando y tenemos que aprovechar este impulso.

Se parte del cambio

Pregúntate: ¿Qué estamos haciendo mi familia y yo para movilizar el cambio positivo?

¿Has ido a la escuela de su hijo últimamente y programaste una visita con el maestro? ¿Con el liderazgo de la escuela? ¿Qué sabes sobre el horario de tu hijo y el plan de estudios?

¿Existen centros locales de aprendizaje y de actividades sociales que puedas aprovechar para tu familia y en la que tal vez puedas donar tu tiempo?

¿Has hablado recientemente a otras madres en tu edificio, en tu cuadra, en la bodega? ¿Qué pueden hacer todos en conjunto para lograr que el mundo de sus hijos sea un espacio mejor, más rico y más seguro?

Escríbenos a info@youngurbanmoms.com y déjanos saber qué estás haciendo para luchar inteligentemente.