Equity in Arts Ed
La importancia de una educación artística

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Equity in Arts Ed

By Richard A. Carranza

Richard A. Carranza.

High-quality arts education transforms students’ lives.

The skills we learn in the arts apply well beyond chords and color palettes, and help so many of our students succeed in the classroom and beyond.

My earliest memories are of my father playing his guitar surrounded by family in my hometown of Tucson, Arizona—60 miles from the Mexican border. By age six, my twin brother Reuben and I were playing mariachi with our family, and we continued to play as we got older and became adults.

Whether we were learning new chords or memorizing songs, music kept us grounded; it taught us how to collaborate, and opened our eyes to our own Mexican-American culture and history, as well as that of people across the world. I was also lucky that, in the public schools I attended, I had access to arts education that reflected my cultural background and also allowed me the opportunity to play saxophone in the band while opening so many doors for me.

Years later, I returned to my old high school as a social studies teacher and saw that the arts programs I treasured had been decimated. Kids didn’t want anything to do with the orchestra or the chorus. But, they loved mariachi and Vicente Fernández. On the weekends, they would hear me perform mariachi in the neighborhood, and they began to ask me, “Mr. Carranza, can we do that?”

Culturally responsive arts education, argues the author, is powerful.

We started a small guitar club of 11 students in my social studies classroom, and as the program grew we required that students also participate in the band, the orchestra, or the choir – so they were exposed to different musical genres and grew as musicians.

When I left the classroom 10 years later, our mariachi program had grown to 300 students, and the band and the orchestra were bursting at the seams, populated by students who saw themselves in the curriculum. We captured who these students were and what they desired.

Now, the students who loved Vicente Fernández also wanted to learn about Beethoven and Mozart.

This is the power of culturally responsive arts education—it opens students’ eyes to culture and history while allowing them to be themselves and see themselves. It advances equity now.

Our school leaders know this, and I’m proud that, in December, we announced a record investment in arts education and a record number of full-time arts teachers in New York City. We also announced that nearly 1,500 schools – every single one that participated in our “Arts in Schools” survey – report working with one of New York City’s cultural organizations to offer our students a mosaic of cultural experiences. Our students are learning ballroom dance and spoken word poetry, Afro-Latin Jazz and calligraphy, August Wilson’s plays and Indian classical dance.

Carranza (left), shown here with Mexican Consul Diego Gómez Pickering, is an accomplished musician.

Mayor Bill de Blasio and I know a rich foundation in the arts is an integral part of a well-rounded education, and we will keep investing in high-quality arts education for all students, in every neighborhood and every borough. Across the city, we are delivering arts education that is rigorous, inclusive, reflective of the diversity of New York City, and that brings joy to our classrooms and schools.

I look forward to working with you as we build on our progress.

Together, we can expand arts offerings in our schools even further; we can engage new community and cultural partners, including parents and families; and we can help every student find themselves in the arts.

Richard A. Carranza is the Schools Chancellor of New York City.

For more information, please visit schools.nyc.gov.

La importancia de una educación artística

Por Richard A. Carranza

Banging away.

Una educación artística de calidad puede cambiar la vida de los estudiantes. Las habilidades que aprendemos en las artes se aplican más allá de los acordes y las paletas de colores, y ayudan a muchos de nuestros estudiantes a tener un buen desempeño en el salón de clases y en la vida en general.

Mis primeros recuerdos son los de mi padre tocando la guitarra, rodeado por la familia en mi ciudad natal, Tucson, Arizona, a unas 60 millas de la frontera con México. A los 6 años, mi hermano gemelo Reuben y yo tocábamos mariachis con nuestra familia y seguimos tocando a medida que crecíamos y nos convertimos en adultos. Ya sea que estuviéramos aprendiendo nuevos acordes o memorizando canciones, la música nos mantuvo centrados; nos enseñó a trabajar en colaboración y nos abrió los ojos a nuestra propia historia y cultura mexicano-estadounidense, así como a la de las personas de todo el mundo. También tuve la suerte de asistir a escuelas públicas donde pude acceder a una educación artística que reflejaba mi herencia cultural y tener la oportunidad de tocar el saxofón en la banda lo que me abrió muchas puertas.

Años después, volví a mi antigua escuela secundaria como maestro de estudios sociales y vi que los programas de arte que tanto valoraba habían desaparecido. Los estudiantes no querían saber nada de la orquesta o el coro, pero les encantaba el mariachi y Vicente Fernández. Los fines de semana me escuchaban tocar mariachi en el vecindario y comenzaron a preguntarme: “Señor Carranza, ¿podemos hacer eso?”.

Comenzamos un pequeño club de guitarra con 11 estudiantes en el salón de clases de estudios sociales y, a medida que el programa fue creciendo, los estudiantes también comenzaron a participar en la banda, la orquesta o el coro, lo que les permitió conocer diferentes géneros musicales y crecer como músicos.

La educación artística cultural, argumenta el autor, es poderosa

Cuando dejé el salón de clases 10 años más tarde, nuestro programa de mariachi tenía 300 estudiantes y la banda y la orquesta estaban a tope, con alumnos que se vieron reflejados en el plan de estudios. Fuimos capaces de ver quiénes eran estos estudiantes y lo que deseaban. Además, los estudiantes a quienes les encantaba Vicente Fernández también querían aprender sobre Beethoven y Mozart.

Este es el poder que tiene en los estudiantes una educación artística culturalmente receptiva: les abre los ojos a la cultura y la historia, además de permitirles ser ellos mismos y verse a sí mismos. Fomenta la igualdad ahora. Nuestros directivos escolares lo saben y estoy orgulloso de que, en diciembre, anunciamos una inversión récord en educación artística y un número récord de maestros de arte a tiempo completo en la Ciudad de Nueva York. También anunciamos que cerca de 1,500 escuelas —cada una de las que participó en nuestra ‘Encuesta de Arte’ en las escuelas— informaron que trabajan con una organización cultural de la Ciudad de Nueva York para ofrecer a nuestros estudiantes una diversidad de experiencias culturales. Nuestros estudiantes están aprendiendo baile de salón y poesía escénica; jazz afro-latino y caligrafía; las obras de August Wilson y las danzas clásicas de la India.

Carranza (izquierda), que se muestra aquí con el cónsul mexicano Diego Gómez Pickering, es un músico de mariachi.

El alcalde Bill de Blasio y yo sabemos que una base sólida en las artes es fundamental para una educación integral y seguiremos invirtiendo en educación artística de calidad para todos los estudiantes, en cada vecindario y condado. En toda la Ciudad, ofrecemos una educación artística sólida, inclusiva, que refleja la diversidad de la Ciudad de Nueva York y que trae alegría a nuestros salones de clases y escuelas.

Espero que trabajemos juntos para continuar el progreso que hemos logrado. Juntos, podemos ampliar aún más la oferta de programas de arte en nuestras escuelas; podemos involucrar a nuevos socios comunitarios y culturales, incluidos los padres y las familias; y podemos ayudar a cada estudiante a encontrarse a sí mismo en las artes.

Richard A. Carranza es el canciller de las escuelas de la Ciudad de Nueva York.

Para más información, favor visite schools.nyc.gov.