LocalNewsPolitics/Government

¡Basta!: Revealing an unacceptable bias

¡Basta!: Revelando un sesgo inaceptable

¡Basta!: Revealing an unacceptable bias

By the Officers and Directors, Puerto Rican Bar Association (PRBA)

As members of the Board of Directors of the Puerto Rican Bar Association, the oldest ethnic bar association in New York State, established in 1957, we write to bring to your attention the March 11th article, “Quest for Diversity Triggers Debate Over Role of Race, Gender in Judicial Selection Process,” which those of us in the legal profession, who care about fairness and true diversity in our judicial system, found highly offensive. The article in essence argues that skin color and ethnicity has trumped merit in the most recent nomination process for judges to the Court of Appeals.

If the intent of the article was to deal with the issue of the lack of diversity in the Court of Appeals, and the way that the nominating and appointing process considers such issues, then it failed miserably.

The article in fact argues that for the first time in New York State history there is such a thing as a “Black” or “Latino” seat when it comes to appointing judges to the Court of Appeals, and that only an African American or Latino candidate will be considered for appointment, regardless of their character, temperament, professional aptitude and experience.

Of course, that infers that more qualified White candidates are being shut out of the Court of Appeals by these less than qualified lawyers.

This is a remarkable proposition to be made by the premier legal publication in New York since the article cites no factual basis, except for general assertions made by the author. Among them: that “the general assumption that the open position is a ‘black seat’ or that “the perception that there is or should be a ‘black seat’ on the court has caused concern among some . . .”

Those anonymous assertions by the author, not directly attributed to anyone, but reinforced by carefully selected quotes serve to back the clear implication that follows from it – that regardless of which Black or Latino lawyer is eventually nominated and appointed, that Black or Latino lawyer lacks the credentials that would otherwise be required of any White lawyer.

The author of the article neither questions any of the “logical” underpinnings of such an assertion nor does he provide actual quotes or a logical argument for its defense.
What is most telling about this type or argument is that the reporter, and the editors, have missed is that the inverse of their argument then must also be true.

If, in fact, two seats are reserved for a Black or a Latino where no White lawyer need apply, regardless of their qualifications, then by definition, there are five seats reserved for Whites where no minority lawyer need apply, regardless of their qualifications.

If the author’s argument is to be accepted when it comes to the two “minority” court spots, then any reasonable inquiring reader could not be blamed in deducing that this is, as is stated in one of the quotes in the article, social engineering intended to protect White lawyer candidates as well when they compete for the larger number of spots in the court –an assertion the author would never consider, since it would be both morally and legally wrong.

The suggestion that the reason a Latina was appointed to the highest court – to succeed the only Puerto Rican woman ever appointed in the court’s history – was merely because she is Puerto Rican, without acknowledging her credentials and achievements, is simply unfair.

The further implication that the coming appointment of the next Court of Appeals seat – to replace the only African American sitting justice, and the only second African American ever to be appointed – would only be open to a Black candidate, without the author reviewing and passing judgment on any of the candidates’ qualifications for that vacancy is an injustice that no lawyer, Black, Latino or White, should be forced to confront, merely because of the color of their skin, their gender, or their ethnicity.

We are gravely concerned that this type of article is reflective of the way that the New York Law Journal covers issues affecting minority lawyers in the legal profession.
We must presume that this article clearly informs how and when you choose, or not choose, to write about minority lawyers, particularly Puerto Rican and Latinos.
We do not believe that the writer, or the editors at the New York Law Journal, realize the subtle but deep and pervasive bias that is at the root of this type of coverage.

It is this kind of covert bias which makes it more difficult for true diversity to exist in our judicial system and our society at large.

The recognition and admission of such bias in the article ought to give your publishers reason enough to examine the process your paper uses for reporting on such critical issues as diversity in the judicial system and the failure of the New York Law Journal to cover, without such blatant bias, a large and growing segment of the legal community.

We look forward to a written reply to our letter and are prepared to meet with the editors of your publication to avoid such biased reporting in the future.

For more information, please visit www.prba.net.

¡Basta!: Revelando un sesgo inaceptable

Por los funcionarios y directores de la Asociación de Abogados Puertorriqueños (PRBA)

Como miembros de la Junta Directiva de la Asociación de Abogados de Puerto Rico, la más antigua asociación étnica de abogados en el estado de Nueva York, creada en 1957, le escribimos para llamar su atención sobre el artículo del 11 de marzo: “La búsqueda por la diversidad desencadena un debate sobre el papel de la raza y el género en el proceso de selección judicial”, que los que estamos en la profesión legal, que nos preocupamos por la equidad y la verdadera diversidad en nuestro sistema judicial, encontramos muy ofensivo. El artículo, en esencia, argumenta que el color de piel y el origen étnico han ganado mérito en el proceso de designación de jueces más reciente en la Corte de Apelaciones.

Si la intención del artículo era hacer frente a la cuestión de la falta de diversidad en la Corte de Apelaciones y la forma en que la nominación y designación del proceso considera estas cuestiones, entonces ha fracasado miserablemente.

El artículo, de hecho, argumenta que por primera vez en la historia del estado de Nueva York existe algo llamado asiento “negro” o “latino” a la hora de nombrar a los jueces del Tribunal de Apelaciones, y que sólo un candidato afroamericano o latino será considerado para el nombramiento, cualquiera que sea su carácter, temperamento, aptitud profesional y experiencia.

Por supuesto, esto infiere que los candidatos blancos más calificados están siendo excluidos de la Corte de Apelaciones por estos abogados con menos calificaciones.

Esta es una proposición increíble hecha por la principal publicación legal en Nueva York, dado que el artículo no cita ninguna base real, a excepción de las afirmaciones generales formuladas por el autor. Entre ellas que: “la suposición general de que el puesto disponible es un ‘asiento negro’ o “la percepción de que existe o que debería ser un ‘asiento negro’ en la corte ha causado preocupación entre algunos. . . ”

Estas afirmaciones anónimas por parte del autor, no atribuidas directamente a nadie pero reforzadas por citas seleccionadas cuidadosamente, sirven para respaldar la clara implicación que se deriva de ella, que a pesar de que el abogado negro o latino sea eventualmente nominado y designado, ese abogado negro o latino carece de las credenciales que de otra manera serían necesarias en cualquier abogado blanco.

El autor del artículo no cuestiona ninguno de los “lógicos” fundamentos de tal afirmación ni tampoco proporciona citas reales o un argumento lógico para su defensa.
Lo más revelador sobre este tipo y argumento, es que el reportero, y los editores, olvidaron es que el inverso de su argumento también debe ser cierto.

Si, de hecho, existen dos asientos reservados para un negro o un latino para los que ningún abogado blanco puede aplicar, independientemente de sus credenciales, entonces, por definición, hay cinco asientos reservados para los blancos, para los cuales ningún abogado de minoría podría aplicar, independientemente de sus aptitudes.

Si el argumento del autor es aceptado respecto a los dos lugares “minoritarios” en la corte, entonces ningún lector curioso y razonable podría culparse por deducir que se trata, como se afirma en una de las citas del artículo, de ingeniería social destinada para proteger a los candidatos abogados blancos, también cuando compiten por el mayor número de lugares en la corte. Una afirmación que el autor nunca consideraría, ya que sería a la vez moral y legalmente incorrecto.

La sugerencia de que la razón por la que una latina fue designada para el máximo tribunal -como sucesora de la única mujer puertorriqueña nombrada en la historia de la corte- fue simplemente porque es puertorriqueña, sin reconocer sus credenciales y logros, es simplemente injusto.

Esto implica además que la siguiente designación del asiento de la Corte de Apelaciones para reemplazar al único africano americano sentando justicia, y apenas el segundo afroamericano en ser designado, sólo estaría abierto a un candidato negro, sin que el autor revise y juzgue cualquiera de las credenciales de los candidatos para la vacante, es una injusticia que ningún abogado -ya sea negro, latino o blanco- debe ser forzado a confrontar simplemente por el color de su piel, su género o su origen étnico.

Nos preocupa sobremanera que este tipo de artículos sea un reflejo de la forma en que el New York Law Journal cubre los temas que inciden en la profesión legal de los abogados minoritarios.

Debemos suponer que este artículo informa claramente cómo y cuándo elije, o no, escribir sobre los abogados de minorías, en particular de puertorriqueños y latinos.

No creemos que el escritor, o los editores del New York Law Journal, se den cuenta del sesgo sutil, pero profundo y penetrante, que yace en la base de este tipo de coberturas.
Es este tipo de sesgo oculto que hace que sea más difícil que la verdadera diversidad exista en nuestro sistema judicial y nuestra sociedad en general.

El reconocimiento y la admisión de tal sesgo en el artículo debería dar a sus editores razón suficiente para examinar el proceso que su periódico utiliza para informar sobre cuestiones tan importantes como la diversidad en el sistema judicial y el fracaso del New York Law Journal para cubrir, sin esa parcialidad tan evidente, un segmento importante y creciente de la comunidad jurídica.

Esperamos una respuesta por escrito a nuestra carta y estamos preparados para reunirnos con los editores de la publicación para evitar tales informaciones sesgadas en el futuro.

Para mayor información por favor visite, www.prba.net.

Related Articles

Check Also
Close
Back to top button

Adblock Detected

Please consider supporting us by disabling your ad blocker