Bassett’s Block
La cuadra de Bassett

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Bassett’s Block

Story and photos by Mónica Barnkow

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“He was a real charmer,” said Lydia Bassett Tyner of her father Emmett Bassett.

The block to which Emmett Bassett and his family moved in the 60’s looked very different back then.

The Bassetts bought and renovated a brownstone at 440 West 162nd Street.

There was not a true in sight, and the street’s facades were strewn with graffiti. Residents despaired that much could be done.

Emmett and his wife Priscilla bonded with their neighbors upon arrival, and together, they all worked together to improve the quality of life.

Many of those same neighbors and family members gathered this past Sat., Sept. 27th, roughly a year after Emmett Bassett’s death, as the intersection of 162nd Street and Jumel Terrace was co-named in his honor.

“It’s really beautiful to get acknowledgement of how much he did, and what a community can do together,” said daughter Aurora Kazi Bassett.

“Dr. Bassett’s legacy goes deeper than this street’s name,” said Councilmember Ydanis Rodríguez, who sponsored the co-naming.  “He has molded and influenced almost every leader of our community. I am proud to do what I can to honor his great service.”

Born and raised in rural Virginia, Bassett started his education in a one-room schoolhouse. He was one of the last living students of famed scientist, botanist and farmer Dr. George Washington Carver. A gifted intellect and hard work led Bassett to become the first African-American to obtain a doctoral degree in dairy technology. It was after securing a professorship at Columbia University that the family moved to Washington Heights.

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Unveiled.

Once ensconced in his new home, Bassett began his political activism, advocating for civil rights, education and health, and engaging in community building. He was a member of Community Board 12 and the Manhattan Advisory Council of the New York State Commission for Human Rights.

His wife of forty-three years still resides in the brownstone.

“We moved to what was obviously an underserved neighborhood,” said Priscilla on Saturday, as she recalled key moments in the life of her home and her family.  “Neighbors were disorganized.”

She noted that after the blackout of 1977, the looting left residents without adequate food supplies. In response, the West 162nd Street Block Association, one of the area’s first, was founded. With the Bassetts at the helm, the group took action quickly, planting several trees in the block, urging the local supermarket, Fedco, to offer better quality produce, and demonstrating to close down what they termed a “phony” health food store whose primary stock seemed to be marijuana.

“This street really was his home,” said son Jonathan Bassett. “He was like the mayor of the block. He could be a little noisy, but it was all for a good cause.”

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“We were dedicated to maintaining this neighborhood,” said Priscilla Bassett.

“We were so dedicated to maintaining this neighborhood. We were together for a healthy, happy community,” added Priscilla. “We had wonderful block parties that included everyone.”

Family cousin Chiquita Ross concurred.

“Priscilla brought in a dance mobile,” she said.  “We had parties that were just fantastic.”

Even the family’s home away from home served the neighborhood. Years of camping vacations had led the family to discover land in the Catskills, where they built a second home and an edible garden that provided fresh produce that they generously shared with their neighbors in Washington Heights.

“We used to live there half the time until they started fracking,” said Priscilla, an environmentalist who is opposed to the controversial gas drilling practice.

The family’s legacy of community involvement and activism has lived on. Daughter Mary Bassett currently serves as the Commissioner for the Department of Health and daughter Lydia Bassett Tyner is a leading voice in the education movement as a principal.

“He was a real charmer,” smiled Bassett Tyner. “I want to thank you all for loving my father.”

La cuadra de Bassett

Historia y fotos por Mónica Barnkow

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“Él era un verdadero encanto”, dijo Lydia Bassett Tyner de su padre Emmett Bassett.

La cuadra a la que se mudaron Emmett Bassett y su familia en los años 60 era muy diferente en ese entonces.

Los Bassetts compraron y renovaron una casa de piedra rojiza en el 440 de la calle 162 oeste.

No había nada a la vista y las fachadas de la calle estaban cubiertas con grafiti. Los residentes habían perdido la esperanza de que algo pudiera hacerse.

Emmett y su esposa Priscilla se unieron a sus vecinos tras su llegada, y trabajaron juntos para mejorar su calidad de vida.

Muchos de esos mismos vecinos y familiares se reunieron el pasado sábado 27 de septiembre, más o menos un año después de la muerte de Emmett Bassett, ya que la intersección de la calle 162 y Jumel Terrace fue co-nombrada en su honor.

“Es muy bonito el reconocimiento de lo mucho que hizo y lo que una comunidad puede hacer unida”, dijo la hija, Aurora Kazi Bassett.

“El legado del Dr. Bassett es más profundo que el nombre de esta calle”, dijo el concejal Ydanis Rodríguez,quien patrocinó el co-nombramiento.

“Él ha moldeado e influenciado a casi todos los líderes de nuestra comunidad. Estoy orgulloso de hacer lo que pueda para honrar su gran servicio”.

Nacido y criado en la parte rural de Virginia, Bassett comenzó su educación en una escuela de una sola habitación. Fue uno de los últimos alumnos vivientes del famoso científico, botánico y agricultor Dr. George Washington Carver. Su intelecto superdotado y el trabajo duro llevaron a Bassett a convertirse en el primer afroamericano en obtener un doctorado en tecnología de productos lácteos. Fue después de obtener una cátedra en la Universidad Columbia que la familia se mudó a Washington Heights.

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Bassett’s activism and commitment to community were honored.

Una vez instalado en su nuevo hogar, Bassett comenzó su activismo político abogando por los derechos civiles, la educación y la salud, y participando en la construcción de la comunidad. Fue miembro de la Junta Comunitaria 12 y del Consejo Asesor de Manhattan de la Comisión del estado de Nueva York de los Derechos Humanos.

Su esposa de cuarenta y tres años reside en la casa de piedra rojiza.

“Nos mudamos a lo que obviamente era un barrio desatendido”, dijo Priscilla el sábado, mientras recordaba los momentos clave en la vida de su familia y de su hogar. “Los vecinos estaban desorganizados”.

Señaló que tras el apagón de 1977, el saqueo dejó a los residentes sin un suministro adecuado de alimentos. En respuesta, la Asociación de la cuadra de la calle 162 oeste, una de las primeras de la zona, fue fundada. Con los Bassetts en el timón, el grupo tomó medidas rápidamente: plantó varios árboles en la cuadra; instó al supermercado local, Fedco, a ofrecer productos de mejor calidad; y logró la clausura de lo que era denominada una tienda “falsa” de alimentos saludables, cuya principal existencia parecía ser la marihuana.

“Esta calle fue realmente su hogar”, dijo el hijo Jonathan Bassett. “Era como el alcalde de la cuadra. Él podía ser un poco ruidoso, pero todo era por una buena causa”.

“Estábamos tan dedicados a mantener este barrio. Estuvimos juntos para lograr una comunidad saludable y feliz”, añadió Priscilla. “Tuvimos fiestas maravillosas en la cuadra que incluían a todos”.

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La casa de piedra rojiza de la familia.

La prima de la familia, Chiquita Ross, estuvo de acuerdo.

“Priscilla traía un baile móvil”, dijo. “Tuvimos fiestas simplemente fantásticas”.

Incluso la casa de campo de la familia servía al barrio. Años de vacaciones de campamento llevaron a la familia a descubrir tierras en las montañas Catskill, donde construyeron un segundo hogar y un jardín comestible que proporcionaba productos frescos que generosamente compartían con sus vecinos en Washington Heights.

“Solíamos vivir ahí la mitad del tiempo hasta que comenzaron el fracturamiento hidráulico”, dijo Priscilla, una ambientalista que se opone a la controversial práctica de perforación de gas.

El legado de la familia de participación comunitaria y activismo político ha permanecido. Mary Bassett, su hija, actualmente se desempeña como comisionada del Departamento de Salud y su otra hija, Lydia Bassett Tyner, es una voz líder en el movimiento educativo como directora.

“Él era un verdadero encanto”, sonrió Bassett Tyner. “Quiero agradecerles a todos por amar a mi padre”.