A Justice on a journey
Una Juez en un viaje

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A Justice on a journey

Hon. Sonia Sotomayor visits El Museo

Story and photos by Robin Elisabeth Kilmer

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Award-winning journalist Maria Hinojosa and Justice Sonia Sotomayor discussed her new memoir, My Beloved World.

“I had become almost mythical,” said the woman.

The words, more likely to prompt a disbelieving response, were, in this case, met with nods and knowing smiles.

That the speaker was the first Latina, first Puerto Rican, and only the third woman to have been appointed to the highest court in the United States to sit as Supreme Court justice also meant that the message was received not as a boast, but as an authentic acknowledgement of the significance her work, and success, has meant to millions.

And while the auditorium at El Teatro in El Museo del Barrio could only hold hundreds, their warm reception of the woman who had come to tell the tale of her journey from a Bronx housing project to the federal bench left little doubt of her status as an international icon.

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“[She is] an example of what can go right,” said Harlem RBI’s Johnny Rivera, who brought a dozen students.

Justice Sotomayor was joined on stage this past Sat., Jan. 19th by award-winning journalist Maria Hinojosa as they discussed her new memoir, My Beloved World.

She explained that her appointment had led some to place her upon a pedestal, a claim she was quick to dispel.

“I’m not a god—but more importantly, I’m like them,” she noted.

The two chatted before a rapt crowd of a difficult childhood that would ultimately lead her to become valedictorian of her high school class to the highest honors at Princeton, Yale Law School, the New York County District Attorney’s office, private practice, and appointment to the Federal District Court before the age of forty.

Teacher Debra Herrand, brought her son, Xavier, to the event.

“I grew up in rough neighborhood, and have a very similar story [of struggle],” she said as she and Xavier waited patiently in their seats for the woman of the hour to arrive.

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“I wanted my son to come and see her. Maybe he will be a justice someday,” said Debra Herrand.

“I wanted my son to come and see her. Maybe he will be a justice someday,” she said with a proud smile.

In the memoir, the reader is privy to the joys and struggles of Justice Sotomayor. She shares unabashedly intimate details about her life, including her lifelong diagnosis with diabetes type 1, her father’s struggle with alcoholism, and her mother’s depression.

“She reveals hasta the undergarments,” observed Hinojosa.

While part of her unique story, the struggles of Justice Sotomayor and her family also reflect the narrative of millions of Americans, especially Latinos.

According to the Center for Disease Control (CDC), 1 in every ten adults reports having depression, and an alarming one in six Latinas have tried to take their lives.

And according to the 2011 National Diabetes Factsheet 25.8 million Americans, approximately 8.3 percent of the population, live with diabetes.

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Justice Sotomayor has been traveling the country to share tales from her memoir.

The disease affects 11.8 percent of Hispanics.

“Those stats are going to injure our future more than our poverty,” noted Justice Sotomayor.

The trailblazing justice, named by many who know her as “fearless,” pointed to many times she experienced anxiety – and what she did to overcome her fears.

After all, it was in college that she decided to take swimming classes.

“I don’t think you can conquer your fears unless you discuss them,” said Justice Sotomayor.

A particularly fearful day was her first day as a Supreme Court Justice, when Citizens United was brought to the table.

“I was scared senseless. The overwhelming fear was paralyzing,” recalled Justice Sotomayor.

She encouraged those in attendance to seek the counsel and support of others in whom to confide and trust.

“Everyone should surround themselves with wonderful friends,” she advised.

The discussion of her fear and her struggles reveal to readers that she is indeed not mythical, but human, while also serving the broader purpose of inspiring her readers.

“Let them, at the end of learning about me, say ‘If she can do it, I can do it,” she remarked.

And many who came to see Justice Sotomayor affirmed that they sought to draw inspiration, first-hand, from her experiences.

Johnny Rivera, the Director of Community and Government Affairs at Harlem RBI, a youth services non-profit organization, brought a dozen students from the program to see the justice.

“She’s a model of inspiration. We’re hoping they connected with her on a personal level,” he said, noting that many of the youth at Harlem RBI also live in public housing, just like the Justice.

“They’re seen so many examples of what can go wrong, but here’s an example of what can go right,” he added.

“She’s so real. She doesn’t forget her roots. She’s a great example of how where you’re born is not your destination,” said María Díaz, a bilingual educator from the Bronx.

And even the Justice, wise as she might be, has been surprised by the turns her life has taken.

“I have not only lived my dreams,” she said. “I have gone beyond any dreams I had.”

Una Juez en un viaje

Honorable Sonia Sotomayor visita El Museo

Historia y fotos por: Robin Elisabeth Kilmer

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La galardonada periodista María Hinojosa, y la juez Sonia Sotomayor hablan de su nuevo libro de memorias, My Beloved World.

“Había llegado a ser casi mítica”, dijo la mujer.

Las palabras, más propensas a provocar una respuesta de incredulidad, fueron, en este caso, reunidas con gestos y sonrisas de complicidad.

Que la oradora fuese la primera latina, la primera puertorriqueña, y sólo la tercera mujer que ha sido designada para tomar un asiento en la Suprema Corte de Justicia también significa que el mensaje ha sido recibido no con presunción, sino como un auténtico reconocimiento de la importancia de lo que su trabajo, y su éxito, había significado para millones de personas.

Y mientras el auditorio de El Teatro en El Museo del Barrio sólo podía contener a cientos, su cálida acogida de la mujer que había venido a contar la historia de su viaje de un complejo de viviendas del Bronx a la banca federal, dejó pocas dudas de su condición de icono internacional.

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“[Ella es] un ejemplo de lo que puede salir bien”, dijo Johnny Rivera de Harlem RBI, quien trajo una docena de estudiantes.

La Juez Sotomayor se unió al escenario el pasado sábado 19 de enero con la galardonada periodista María Hinojosa, mientras hablaban de su nuevo libro de memorias, My Beloved World.

Explicó que su nombramiento había llevado a algunos a ponerla en un pedestal, una declaración que ella se apresuró a disipar.

“No soy un dios, pero lo más importante, soy como ellos”, señaló.

Las dos charlaban ante una multitud extasiada sobre una infancia difícil, que en definitiva la llevaría a convertirse en la mejor estudiante de su clase de la escuela secundaria, la estudiante con los más altos honores en Princeton, Yale Law School, la oficina de Nueva York del Fiscal del Condado, la práctica privada y designada a la Corte Federal de Distrito antes de cumplir los cuarenta.

La Maestra Debra Herrand trajo a su hijo, Xavier, al evento.

“Yo crecí en un barrio peligroso y tengo una historia muy similar [de lucha]” dijo, mientras ella y Xavier esperaban pacientemente en sus asientos a que la mujer del momento llegara.

“Quería que mi hijo viniera a verla. Tal vez él sea juez algún día”, dijo con una sonrisa orgullosa.

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“Quería que mi hijo viniera a verla. Tal vez él sea juez algún día “, dijo Debra Herrand.

En sus memorias, el lector está al tanto de las alegrías y las luchas de la Juez Sotomayor. Ella comparte descaradamente detalles íntimos de su vida, incluyendo su diagnóstico permanente de diabetes tipo 1, la lucha de su padre contra el alcoholismo y la depresión de su madre.

“Ella revela hasta su ropa interior”, observó Hinojosa.

Si bien son parte de su historia única, las luchas de la Juez Sotomayor y su familia también reflejan la narrativa de millones de estadounidenses, especialmente los latinos.

De acuerdo con el Centro de Control de Enfermedades (CDC), 1 de cada diez adultos dice haber tenido depresión y alarmantemente, una de seis mujeres latinas ha intentado quitarse la vida.

Según los datos de la National Diabetes Factsheet de 2011, 25.8 millones de estadounidenses, aproximadamente el 8.3 por ciento de la población, vive con diabetes.

La enfermedad afecta al 11.8 por ciento de los hispanos.

“Esas estadísticas van a dañar nuestro futuro más que nuestra pobreza”, señaló la Juez Sotomayor.

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La juez Sotomayor ha estado viajando por el país para compartir historias de su libro de memorias.

La Juez pionera, llamada “valiente” por muchos que la conocen, señaló muchas veces que experimentó ansiedad, y lo que hizo para superar sus miedos.

Después de todo, fue durante la universidad que decidió tomar clases de natación.

“No creo que uno pueda vencer sus temores a menos que hables de ellos”, dijo la Juez Sotomayor.

Un día particularmente temible era su primer día como Juez de la Corte Superior de Justicia, cuando Citizens United fue traído a la mesa.

“Tenía miedo sin sentido. El temor abrumador era paralizante”, recordó la Juez Sotomayor.
Animó a los asistentes a buscar el consejo y el apoyo de otras personas en las que pudieran confiar.

“Todo el mundo debe rodearse de amigos maravillosos”, aconsejó.

La discusión de sus miedos y sus luchas revelan a los lectores que ella es -en realidad- sólo humana, pero también sirven al propósito más amplio de inspirar a sus lectores, haciéndoles saber que pueden lograr lo que se propongan si también se esfuerzan.

“Que, después de aprender acerca de mí, digan: si ella puede hacerlo, yo puedo también”, remarcó.

Y muchos de los que vinieron a ver a la Juez Sotomayor afirmaron que buscaban inspiración, de primera mano, sobre sus experiencias.

Johnny Rivera, Director de Asuntos de la Comunidad y de Gobierno en Harlem RBI, una organización joven de servicios sin fines de lucro, trajo una docena de estudiantes del programa de jóvenes a ver a la Juez.

“Ella es un modelo de inspiración. Tenemos la esperanza de que se conecten con ella a nivel personal”, dijo, y señaló que muchos de los jóvenes en el programa también viven en viviendas públicas, al igual que lo hizo la Juez. “Han visto tantos ejemplos de lo que puede salir mal, pero he aquí un ejemplo de lo que puede salir bien”, agregó.

“Ella es tan real, no olvida sus raíces, es un gran ejemplo de cómo donde uno nace no es su destino”, dijo María Díaz, una educadora bilingüe del Bronx.

E incluso la Juez, sabia como puede ser, ha sido sorprendida por los giros que su vida ha tenido.

“No sólo he vivido mis sueños”, dijo. “He ido más allá de los sueños que tenía”.