A favorite son killed in Inwood
Hijo favorito asesinado en Inwood

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A favorite son killed in Inwood

Story and photos by Sherry Mazzocchi

Video by Sherry Mazzoccchi

Jose Reyes Silva, a worker at Grandpa’s Pizza, was stabbed and killed.

Jose Reyes Silva, a worker at Grandpa’s Pizza, was stabbed and killed.

Jose Reyes Silva was his father’s favorite child.

He, more than any of the 10 children, looked and acted most like his father.
Funny and outgoing, he charmed everyone so much that his father proclaimed, “When I die, I’m going to take you with me.”

He didn’t say it just once, according to Salvador, Jose’s older brother.

He said it all the time. When their father died in 2001, the family was a little spooked.
Those words came back to haunt the Reyes Silva family when Jose, 22, was fatally stabbed to death at the corner of 207th  and Vermilyea St. in the early hours of July 5th.

Jose worked as a dishwasher and deliveryman at Grandpa’s Pizza, at 207th and Broadway. He was reportedly out with friends, celebrating the 4th of July holiday, and about to take the subway home when the incident occurred.

Two men, Jose Ortega and Juan Zarasar-Moralez, both 22, have been arrested.

Both are charged with one count of first-degree and second-degree gang assault. Police are still seeking another suspect.

Jose’s body is being returned to Mexico for burial.

“He was a good kid,” said Jose Núñez, manager at Grandpa’s. “He always had a smile on his face.”

Jose worked hard, Núñez said. When he arrived from Mexico in 2008, he didn’t know much about New York.

He mastered his job little by little and paid attention to details. He wanted to become a businessman and eventually have his own store.

He also liked teasing his boss, saying that one day, Núñez would work for him. He often stayed late, making sure everything was just right before closing.

“He treated this place like it was his own,” said Núñez.

After their father died, Salvador, Jose’s older brother, moved to New York. He came during the cold dark days of December and immediately got a job shoveling snow. Another brother, Jacinto, came soon after. They worked long hours in restaurants and sent money back home.

Salvador missed his family and moved back a few years later. But he returned in 2006 because the need was so great.

He found another job and started sending money back to Mexico.

Jose grew up in the Southern Mexican state of Guerrero. By the time he was eight, he taught himself how to play corridos and cumbias on the alto saxophone.

“He was very intelligent,” Salvador said, speaking through a translator of his brother, who was quick to take on tasks even at an early age.

Even though he wasn’t old enough to drive, Jose taught himself that, too.

Too young to legally drive at age 15, he bribed local officials in Guerrero to get a taxi license so he could drive cabs. He also looked after his infant niece Yadhira, Salvador’s daughter, buying her birthday presents and taking her to the hospital when she was sick.

He was18 when he moved to the U.S. with his older brother Hector.

Salvador wanted to go home and be with his family. Jose was excited to take his place. He was looking forward to a new life in America.

Before he left, Salvador introduced his brothers to the city. They walked for blocks, all the way from 137th St to 181st St.

Salvador showed Jose and Hector how the streets were laid out, how to take the subway and buses. He bought them dinner, clothes and toiletries. The next day, he left for Mexico.

Hector found a job two days later.

And after a week, Jose started working at Grandpa’s.

Jose liked his new life. When he wasn’t working, he’d play soccer and basketball at Riverside Park at 138th St.

Occasionally, he’d ride the A train all the way to Rockaway and head for the beach.

“He was very adventurous,” Salvador said, “and he had a lot of friends.”

He doesn’t know why anyone would want to kill his brother. “I wish I knew,” he said, “that way I could put my mind to rest.”

Inwood residents and the local Mexican community—especially people from Guerrero—have contributed to Jose’s funeral in Mexico. “They have been very generous,” he said.

Salvador came back to New York on July 1, only days before Jose was killed.

That day, Jose treated his big brother to dinner and bought him clothes and presents.
“It was like we’d come full circle,” he said.

 

Hijo favorito asesinado en Inwood

Historia y fotos por Sherry Mazzocchi

Video por Sherry Mazzoccchi

Esta era su bicicleta.

Esta era su bicicleta.

José Reyes Silva era el hijo favorito de su padre. El, más que cualquiera de sus 10 hijos, se parecía y actuaba como su padre.

Divertido y extrovertido, encantaba a todo el mundo tanto que su padre proclamaba, “cuando yo muera, te voy a llevar conmigo”.

No lo dijo solo una vez, según Salvador, hermano mayor de José. Lo decía todo el tiempo. Cuando su padre murió en el 2001, la familia estaba un poco asustada.

Esas palabras regresaron para asediar a la familia Reyes Silva cuando José, de 22 años, fue fatalmente apuñalado en la esquina de la Calle 207 y Vermilyea a tempranas horas del 5 de julio. José trabajaba como lavaplatos y haciendo entregas en Grandpa’s Pizza en la Calle 207 y Broadway. Estaba con sus amigos celebrando el 4 de julio y a punto de tomar el tren a casa cuando ocurrió el incidente.

Dos hombres, José Ortega y Juan Zarasar-Moralez, ambos de 22 años, han sido arrestados. Ambos fueron acusados con asalto de primero y segundo grado. La policía continúa buscando otro sospechoso.

El cuerpo de José fue regresado a México para su sepultura.

“El era un buen chico”, dijo José Núñez, gerente de Grandpa’s. “Siempre tenía una sonrisa en su rostro”.

José trabajaba fuerte, dijo Núñez. Cuando llegó de México en el 2008, no sabía mucho acerca de Nueva York.

Dominó su trabajo poco a poco y prestaba atención a los detalles. Deseaba ser un hombre de negocios y eventualmente tener su propia tienda.

A José le gustaba embromar a su jefe, diciendo una vez que Núñez trabajaría para el. A menudo se quedaba hasta tarde, asegurándose de que todo estuviera bien justo antes de cerrar.

“Trataba este lugar como si fuera suyo”, dijo Núñez.

Luego de que su padre muriera, el hermano mayor de José, se mudó a Nueva York. Llegó durante los oscuros fríos días de diciembre e inmediatamente consiguió un trabajo paleando nieve. Otro hermano, Jacinto vino justo después. Trabajaban largas horas en restaurantes y enviaban dinero a la casa.

Salvador extrañaba su familia y se mudó de vuelta unos años después. Pero regresó en el 2006 porque la necesidad era mucha. Encontró otro trabajo y comenzó a enviar dinero a México.

José creció en el estado de Guerrero en el sur de México. Cuando tenía ocho años, el mismo aprendió corridos y cumbias en el saxofón.

“Era bien inteligente”, dijo Salvador, hablando a través de un traductor.

Aunque todavía no tenía edad para guiar, José también aprendió a guiar. Demasiado joven para conducir legalmente a los 15, sobornó unos oficiales locales para conseguir una licencia de taxi para poder conducir taxis. También estaba pendiente de su sobrina Yadhira, la hija de Salvador, comprándole regalos de cumpleaños y llevándola al hospital cuando estaba enferma.

Jose Reyes Silva, a worker at Grandpa’s Pizza, was stabbed and killed.

José Reyes Silva, quien trabajaba en Grandpa’s Pizza en la Calle 207, fue fatalmente apuñalado a tempranas horas del 5 de julio.

A la edad de 18, se mudó a los E.U. con su hermano mayor Héctor. Salvador quería irse a su hogar y estar con su familia. José estaba emocionado de tomar su lugar. Estaba ansioso de comenzar una nueva vida en América.

Antes de el irse, Salvador introdujo a sus hermanos a la ciudad. Caminaron bloques, desde la Calle 137 hasta la Calle 181. Salvador le mostró a José y Héctor como estas calles estaban trazadas, como tomar los trenes y autobuses. Les compró comida, ropa y artículos de aseo. El próximo día se fue a México.

Héctor consiguió un trabajo dos dias después. Luego de una semana, José comenzó a trabajar en Grandpa’s. A José le gustaba su nueva vida. Cuando no estaba trabajando, jugaba balónpie y baloncesto en el Parque Riverside en la Calle 138. Ocasionalmente, tomaba el tren A hasta Rockaway y se iba a la playa.

“El era bien aventurero”, dijo Salvador, “y tenía muchos amigos”.

El no sabe porque alguien desearía matar a su hermano. “Ojala supiera”, dijo el, “de esa manera podría descansar mi mente”.

Los residentes de Inwood y la comunidad mexicana local – especialmente la gente de Guerrero – ha contribuido al funeral de José en México. “Han sido bien generosos”, dijo el. Salvador regresó a Nueva York el 1 de julio, solo días antes de que fuera asesinado. Ese día, José invitó a su hermano mayor a cenar y le llevó ropa y regalos.

“Era como si cerráramos un círculo”, dijo el.