"A punto de caer": el dibujo como un reto contemplativo Print E-mail
Written by Atom Fellows   
Wednesday, October 03, 2012

La obra de González se encuentra en exhibición, entre otros lugares en el Morgan Stanley Children’s Hospital, con un mural diseñado “para mover a los niños”.

Intenso, dedicado e inspiracional, el compromiso de Anthony González con el arte del dibujo ha sido permanente y constante.

Ese compromiso continúa con el inicio de su nueva clase de dibujo al natural en Washington Heights. Cuando enseña dibujo, Anthony González  intenta "hacer que la gente imagine que están corriendo colina abajo tan rápido como pueden, siempre a punto de caer. Ese es el límite en el que quieren estar cuando dibujen".

González espera crear una experiencia poco convencional en el aula, que ayude a los artistas a experimentar ese límite, mientras cubre temas esenciales como la luz y sombra, la calidad de la línea, el movimiento y la anatomía.

"Tal vez no sea capaz de nombrar todos los músculos del brazo, sin embargo, conozco sus orígenes e inserciones. La anatomía es fundamental para entender cómo apartarse de la vida", dijo.

Una de las motivaciones de González para la creación de esta clase de dibujo en el barrio que ha llamado hogar durante décadas, es que nunca ha habido una clase como ésta en esa parte de la ciudad.

Está diseñada para servir como un lugar creativo donde los artistas pueden conversar íntimamente, dibujar al modelo y obtener orientación de un profesor experimentado.

Originario del Sur de California, González encontró en el dibujo, desde temprana edad, un lugar seguro. Conocido como el "chico que podía dibujar", hizo lo que la mayoría de las personas que podían dibujar hacen: dibujar cosas que le interesaban.

Le gustaban los vaqueros, así que dibujó caballos. Quería ser un piloto, así que González dibujó aviones. "Dibujé cosas que me importaban", explicó.

Siguiendo el ejemplo de las obras de artistas como Francis Bacon, Ralph Steadman y especialmente Egon Schiele, los dibujos de González se convertirían en algo más que los bocetos de un talentoso joven, en una expresión externa de su conexión con la vida.

"El dibujo es una forma de procesar lo que está sucediendo. Es algo más que un ejercicio intelectual. Dibujo porque me ayuda a mediar mi vida, el medio ambiente en el que habito y me permite cultivar mi presente", añadió González.

Aunque su padre, un inmigrante mexicano, habría preferido que se convirtiera en arquitecto, González ingresó en el Art Center College of Design de Pasadena, California, donde estudió durante tres años. Abandonó los estudios unos semestres antes de graduarse para estudiar escultura en el Venice Studio School, en Venice, California.

Y aunque dice lamentarse un poco sobre esa decisión, González considera que estudiar escultura lo convirtió en un mejor artista.

"(La escultura) mejoró mi habilidad para trabajar porque un buen artesano debe saber cómo imaginar algo en su cerebro y crearlo en el espacio," dijo.

Después de que sus estudios en Venice terminaron en 1978, el plan de González era irse a Noruega y continuar con otro maestro de la escultura, sin embargo sólo llegó a Nueva York. Durante sus años en Nueva York, González asistió a la Liga de Estudiantes de Arte y dió clases en el área tri-estatal.

Finalmente, su estilo político ocasionalmente mordaz lo llevó a las páginas editoriales del New York Times, el New York Daily News y The Nation.

Sin embargo, la obra de González muestra una alegría cautivadora libre de causes políticos o satírica. Muchos de sus dibujos simplemente pueden tener la original perspectiva de la niñez que nos lleva a recordar sentimientos pasados sin que sean necesariamente familiares.

Esta parte de su trabajo se exhibe en el Morgan Stanley Children's Hospital, donde se le encargó, en el 2007, la creación de un mural para el Departamento de Terapia Física Pediátrica del hospital "para colocar algo sobre el muro que motivara a los niños a moverse".

Aunque su trabajo ha sido publicado en las páginas de Powerhouse o en las paredes del hospital motivando a niños, González insiste en que la inspiración y el compromiso no son diferentes.

"Dibujar requiere la misma autoconciencia física y emocional que tocar un instrumento, encestar canastas o (bailar) ballet", dijo.

Para él, este conocimiento origina su arte diario del dibujo al natural.

"Es algo fundamental, como tocar notas", explicó.

Por otra parte, la clase de dibujo de González está destinada a ofrecer mucho más que un modelo para dibujar y un profesor que oriente.

La clase, afirmó, es una "herramienta para involucrarte más en la vida, para encontrar el propio camino al arte de ser más de lo que somos".

"Dibujar, para mí, es muy terapéutico", señaló González. "La cordura que tengo, se debe en gran medida a mis dibujos, porque no hay límites. No tengo que probarme a mí mismo como se hace en el mundo real."

Para obtener más información sobre el artista y la clase de dibujo, visite: www.anthonygonzalez.com.

 

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