Dollars for beans
Dólares por habichuelas

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Dollars for beans

Story and photos by Sandra E. García

It’s that time of year. While many look to the break of spring to raid the local drugstores for chocolate eggs or Peeps, others turn to another special treat: habichuelas con dulce, or sweet beans. Here, we present an earlier piece in 2012 on the delicacy. Dig in!

An elated customer receives a cup of <i>habichuelas con dulce</i>.

An elated customer receives a cup of habichuelas con dulce.

Got a dollar?

Then step right up, as just 4 quarters or a single dollar bill will buy you some of the sweetest delight you’re ever to find in a steaming Styrofoam cup.

Known as “habichuelas con dulce,” or, literally, “sweet beans,” the portable liquid delicacy is precisely that: sweet.

Reminiscent of hot cocoa but sweeter, habichuelas con dulce is a creamy, silky, sweet broth flavored with cinnamon and vanilla, and filled with dense morsels of beans and raisins. It is a classic, traditional Dominican drink/dessert/snack that can be served cold, but is more frequently doled out hot and quick, particularly along St. Nicholas Avenue near and around West 182nd Street, where street vendors have created a brisk business from shopping carts outfitted with huge Thermoses and neat rows of plastic cups and spoons.

Coolers filled with <i>habichuelas con dulce</i> run out about every hour.

Coolers filled with habichuelas con dulce run out about every hour.

“I’ve bought habichuelas con dulce in other places and it just doesn’t taste as good!” exclaims Ybelkis Sánchez, who traveled from New Jersey on a recent wintry afternoon to enjoy a cup then, and a two-dollar container to enjoy later.

“I’ve been coming here for the last 5 years. It’s the best recipe I’ve ever had,” added Sánchez, who even went so far as to impugn family for the sake of celebrating the habichuelas con dulce she was enjoying.

“My mother’s recipe is not even this good,” laughed Sánchez.

While habichuelas con dulce are a staple of Easter season, and are typically made in large batches of home-made vats just before Good Friday, the beans are far from relegated to seasonal appearances. Any time of the year, be it chilly or balmy, venturing out onto St. Nicholas Avenue for a sweet beans fix will net you happy results.

A dollar can buy you a cup of the sweet delicacy along St. Nicholas Avenue virtually any time of the year.

A dollar can buy you a cup of the sweet delicacy along St. Nicholas Avenue virtually any time of the year.

Small round vanilla crackers are usually thrown into each small cup so that you can experience a gentle crunch as contrast against the silky texture. And while some like it cold, most prefer the sweet snack as a beverage, slowly sipped and piping hot.

On a recent crisp 32-degree afternoon, against sharp 25 m.p.h. winds, the food stand prevails, as do its customers, who line up in a snaking line that extends onto Amsterdam Avenue. Young and old alike await a sweet cup of warmth, anticipating cupping their gloved hands around a cup. And while others make noise about the wait and stamp their feet impatiently, others, particularly as they inch closer and closer to the stand, quietly rejoiced.

“He’s been doing this for so long he’s created his own flavor,” said Yesenia Pérez, referring to the shy vendor to whom she happily paid her dollar. “He,” famed locally, but opting for anonymity, dutifully ladled out his sweet beans and ducked his head shyly in response.

Ladles are constantly filled.

Ladles are constantly filled.

“That’s the reason why people keep coming back,” continued Pérez, “because the flavor of his habichuelas con dulce is like no other. It’s why he is still here.”

The taste for some is an instant jolt of happiness for others, a reminder of home.

“This is a tradition of ours (Dominicans) that I am happy I can find here,” said Miguel Díaz as he fidgeted around to stay warm. “In my country, we don’t eat this all year long, but to find it this good here, I’ll eat a cup every day,” he added raising his voice to make sure the vendor heard his praise.

Ladles are constantly filled at the corner, and their contents are carefully poured into small cups and containers, for some bringing them back to a tradition and taste of home, for others simply offering a sweet respite from the cold.

Whatever your reason, bring your dollar, join the line and be patient.

The rewards will be, well, sweet.

Dólares por habichuelas

Historia y fotos por Sandra E. García

Es esa época del año. Mientras que muchos esperan la llegada de la primavera para atacar las farmacias locales para los huevos de chocolate o los ‘Peeps’ dulces, otros buscan regalo especial: Habichuelas con dulce, o frijoles dulces. Aquí, les presentamos un articulo anterior del año 2012 sobre la delicadeza.

Los cucharones se llenan constantemente.

Los cucharones se llenan constantemente.

¿Tiene un dólar?

Entonces hágalo ya que por 4 pesetas o un solo dólar podrá comprar algunas de las delicias más dulces que pueda encontrar en una humeante taza de “styrofoam”, particularmente según el frío del invierno se instala y usted ha agotado su urgencia de chocolate caliente.

Conocido como “habichuelas con dulce”, el portátil manjar líquido es precisamente eso: dulce.

Parecido al chocolate caliente pero más dulce, las habichuelas con dulces es un cremoso, sedoso, caldo dulce sazonado con canela y vainilla, y lleno de densos bocados de habichuelas y pasas. Es una tradicional bebida/postre/merienda clásica dominicana que puede ser servida fría, pero es más frecuentemente repartida caliente y rápida, particularmente en la Avenida St. Nicholas cerca y alrededor de la Calle 182, donde los vendedores ambulantes han creado un buen negocio con carritos de compras equipados con enormes termos y nítidas líneas de vasos plásticos y cucharas.

Neveras llenas de habichuelas con dulce se acaban cada hora.

Neveras llenas de habichuelas con dulce se acaban cada hora.

“He comprado habichuelas con dulce en otros lugares y sencillamente no saben tan buenas”, exclama Ybelkis Sánchez, quien viajó desde Nueva Jersey en una reciente tarde invernal para disfrutar un vaso y luego un envase de dos dólares para disfrutar más tarde.

“Yo he estado viniendo aquí por los pasados 5 años. Es la mejor receta que haya probado”, añadió Sánchez, que aun fue más lejos de impugnar su familia en aras de celebrar las habichuelas con dulce que estaba disfrutando.

“Ni siquiera la receta de mi madre es tan buena como esta”, rió Sánchez.

Aunque las habichuelas con dulce son una comida de la temporada de Pascua, y típicamente son hechas en grandes cantidades antes del viernes santo, las habichuelas están lejos de ser relegadas a apariencias de temporadas. Cualquier época del año, sea fría o caliente, aventúrese a la Avenida St. Nicholas para unas dulces habichuelas que le brindará felices resultados.

Un dólar puede comprarle el delicado dulce a lo largo de la Avenida St. Nicholas virtualmente cualquier día del año.

Un dólar puede comprarle el delicado dulce a lo largo de la Avenida St. Nicholas virtualmente cualquier día del año.

A menudo le echan pequeñas galletas redondas de vainilla en cada vaso para que puedan experimentar un suave crujir como contraste a la sedosa textura. Y mientras a algunos les gusta frío, muchos prefieren la dulce merienda como bebida, sorberla suavemente y caliente.

En una reciente tarde de 32 grados, contra agudos vientos de 25 millas por hora, el puesto de comida prevalece, como también sus clientes, quienes se alinean en una curveada línea que se extiende hasta la Avenida Amsterdam. Jóvenes y adultos esperan una dulce taza de calidez, anticipando sus manos alrededor de la taza. Y mientras algunos se quejan acerca de la espera y mueven sus pies impacientemente, otros, particularmente mientras se acercan pulgada a pulgada al puesto de comida, calladamente se regocijan.

“El ha estado haciendo esto por tanto tiempo que ha creado su propio sabor”, dijo Yesenia Pérez, refiriéndose al tímido vendedor a quien ella felizmente le paga el dólar. “El”, localmente famoso, pero optó por el anonimato, entrega cumplidamente sus habichuelas dulces y mete su cabeza tímidamente en respuesta.

Un eufórico cliente recibe una taza de habichuelas con dulce.

Un eufórico cliente recibe una taza de habichuelas con dulce.

“Esa es la razón por la cual la gente sigue viniendo”, continuo Pérez, “porque el sabor de sus habichuelas con dulce es como ninguno otro. Por eso es que sigue aquí”.

El sabor para algunos es una instantánea sacudida de felicidad, para otros el recuerdo de su hogar.

“Esta es una tradición nuestra (dominicana) que estoy contento de encontrar aquí”, dijo Miguel Díaz mientras se movía para mantenerse caliente. “En mi país, no comemos esto todo el año, pero encontrarlo tan bueno aquí; me como una taza todos los dias”, alzando su voz para asegurarse de que el vendedor escuchara sus elogios.

Los cucharones se llenan constantemente en la esquina, y su contenido es cuidadosamente vertido en pequeñas tazas y envases, para algunos llevándoles de vuelta a una tradición y sabor casero, para otros simplemente ofreciendo un dulce respiro del frío.

Cualquiera sea su razón, traiga su dólar, únase a la línea y sea paciente.

La recompensa será, bueno, dulce.