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El Jardín de Bruce, en la parte oriental del Parque Isham en Inwood, conmemora la vida del oficial de policía de la Autoridad Portuaria Bruce Reynolds. Es también un lugar para reflexionar y encontrar alivio.
Cuando la gente se entera en conversación sobre el día de mi cumpleaños, siempre hay una pausa. La cual sigue, a menudo, por un gemido leve, a veces acompañado de una disculpa.
"¡Oh, debe ser terrible", dicen algunas personas.
Lo que no saben, y lo que he llegado a aprender a través de los años, es que no es tan terrible, y que mientras el decimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre se acerca, yo también cumpliré un año más en el día que nuestra nación siempre seguirá conmemorando.
Al igual que todos los que conozco, siempre voy a recordar lo que estaba haciendo ese día. Siempre recordare la confusión que sentí mientras caminaba a casa desde la escuela, mientras mi ciudad se ahogaba en el caos, y yo no está completamente consciente de los acontecimientos que sucedían. Recordare el intento que mi madre hiso para explicarme lo que estaba pasando mientras me decía lo afortunadas que éramos.
Fue un cumpleaños que nunca olvidé, y desde entonces el celebrar ha sido siempre algo un poco difícil de entender.
Los cumpleaños a menudo no son asunto pequeño en los hogares latinos y el mío no es la excepción. Cada año, mi madre quiere celebrar, algo con lo que tuve sentimientos encontrados por mucho tiempo, pero que a la vez he llegado a entender y apreciar. Después de todo, el día del cumpleaños puede ser sólo un día mas, otra fecha en el calendario, y aunque un año más viejos, ojalá un año más sabios.
Pero esta semana hice un viaje al Jardín de Bruce en Inwood. La primera vez que puse pie en el jardín no fue hace mucho, a finales del invierno pasado mientras exploraba el barrio.
En ese tiempo, el jardín, cubierto por la nieve implacable del año pasado, no mostraba muchos signos de vida. Pero todo eso cambió en la primavera con el florecimiento de las flores emblemáticas de Inwood y el reverdecimiento de los árboles. Y quizás eso es lo que debe pasar con los cumpleaños, nuestra propia celebración personal de un año nuevo, una clase de primavera cdonde podemos empezar de cero, mas o menos.
El jardín, es una celebración y testimonio al nativo de Inwood y Oficial de la Autoridad Portuaria de Policía Bruce Reynolds, quien acudió al lugar de los ataques aquel día fatídico y pereció en su esfuerzo por salvar a otros.
El Jardín de Bruce no es especial porque conmemora el fallecimiento de uno de los nuestros, sino porque cuando Reynolds era niño con la ayuda de su padre, comenzó a atender aquel jardin, creando lo que poco a poco se convirtió en un jardín comunitario.
Cada año, con el cambio de las estaciones y el cambio del tiempo, el jardín atraviesa sus ciclos naturales. El renacimiento de las flores, y nuevas plantas. Pero con el tiempo, las hojas se secan y el jardín muere en el frío del invierno. Cada primavera, los voluntarios y las manos hábiles de los residentes de Inwood, los cuidadores del jardín lo ayudan a mantenerse vivo y hermoso, como padres y como mi madre aun lo hace con mi cumpleaños todos los años a pesar de mis emociones confusas en torno a la celebración.
Después de todos estos años, ella seguirá haciendo lo mismo, cocinara comida suficiente para un ejército e invitara a toda la familia a su casa. Habrá música y risa, con las personas que más quiero.
Nunca conocí a Bruce Reynolds. Pero algo me dice que él hubiera continuado siendo el padre de ese jardín y cuidando de su existencia. El 11 de septiembre, el décimo aniversario de los ataques, y mi cumpleaños, volveré a recordar que un año más esta por comenzar, y recordare a los que no están aquí para pasar el invierno y ver la primavera.
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