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Por Gloria Pazmiño
Crecer en un hogar de padres divorciados fue un reto.
Crecer con un padre de cero presencia hizo las cosas aun más difícil.
Familia para mí consistía en un hogar de dos personas, de manera singular: mi madre, y más tarde mi abuela, quien se mudó con nosotros para ayudar con mi crianza.
Hoy en día, sigo disfrutando de su presencia, su cuidado y protección de nunca acabar. Todavía puedo darme un festín con la cocina de mi abuela y recibir el amor duro con el que me han bañado desde que tengo memoria. Lo llamo amor duro porque mi madre es severa y estricta, una madre Latina que nunca aceptó ‘boberías’, una gran trabajadora y proveedora con orgullo. Mi abuela más estricta aun, se aseguró de que sus maneras de la vieja escuela fueran la única manera, y siempre que traté de salirme de línea, me recordaron de lo que se esperaba de mí: Respetar a las personas mayores, asistir a la escuela, educarme y ser éxitosa.
Pero en el fondo de mi mente siempre hubo una pregunta: ¿Dónde está mi padre?
Una pregunta que he tirado en el fondo de mi archivador cerebral durante años, y volvió a atormentarme esta semana, cuando me dirigí al Auditorio Alumni de la Columbia University en el Centro Médico en Washington Heights.
Fue “Noche Dominicana” en El Alto, el jueves 18 de agosto, para el estreno mundial de ‘La Hija Natural’ una película dominicana de Leticia Tonos, que cuenta la historia de María, una joven de 18 años de edad. Mientras veía el personaje principal, interpretado por Julietta Rodriguez, pronunció una línea que capturó mi atención: “Mi madre fue mi única familia.”
Con eso, vi mi propio reflejo en la pantalla.
María, una joven creciendo en una zona rural de la República Dominicana, embarca en un viaje para encontrar a su padre después que su madre muere en un accidente automovilístico. Durante 18 años, María ha sabido muy poco de aquel hombre, pero está decidida a encontrarlo.
En su camino, María enfrenta todo tipo de obstáculos, confusiones, y engaños mientras afronta la búsqueda con valor.
“Esta película es acera de la identidad. Esto es clave para la comunidad inmigrante, y en particular las primeras y segundas generaciones,” dijo la directora Leticia Tonos, agregando que crecer en hogares sin un padre no es solo una realidad con la que la comunidad dominicana se puede relacionar, pero también todos los latinos. “El mensaje del perdón y la reconciliación es muy importante para nuestra gente.”
En el Alto Manhattan, las tasas de adolescentes embarazadas son elevadas, y los hogares monoparentales llevados a las espaldas de jóvenes madres parecen ser lo normal. A veces es el “factor inmigrante,” una familia quebrada y separada por kilómetros de mar, ya que todos no pueden estar ni aquí ni allá.
Para María, el punto crucial en la película llega cuando puede perdonar, comprender, y reconciliarse con su padre, un anciano que vive atormentado por el espíritu de su difunta esposa, y el recuerdo de haber tenido unos cuantos ‘hijos naturales’ de los que no sabe nada; un pensamiento que nunca lo deja vivir en paz.
Yo no fui hija natural, pero saber de donde vengo significa una lucha personal que aborda las cuestiones de un padre desconectado y desinteresado, y el camino hacia el perdón por haberme abandonado.
Aquí en el Alto, para muchos de nosotros, es un viaje en el que tenemos que aceptar que crecer en hogares de madres solteras es un reto que debemos enfrentar.
Padres, estén ahí a cualquier costo y en cada forma posible. Madres, mantengan la imagen del padre intacta ante sus hijos. Cuando ellos estén listos, hijos e hijas, naturales o no, embarcarán en su propio viaje de reconciliación para entender de donde vienen.
Quizás, yo ya esté lista.
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