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Soda azucarada sobre la mesa: El debate continua Print E-mail
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Wednesday, April 25, 2012

Panel

De izquierda a derecha: Gary Jenkins, MPA; Thomas A. Farley, MD, MPH; Edward M. Cooney, JD; Dean Linda P. Fried, MD, MPH; Y. Claire Wang, MD, ScD; y Mark Bittman, parte del panel.

Historia y fotos por Laura Gabby

Cuando tanto la comunidad que combate el hambre y la comunidad de salud pública están en desacuerdo, es tiempo de sentarse y tomar cartas en el asunto.

El pasado jueves, un panel celebrado por Columbia University Mailman School of Public Health (Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia), sirvió como una ventana sobre los matices del problema de la obesidad y el hambre en la ciudad, y de qué forma las comunidades de salud pública y los que combaten el hambre han llegado a tomar posiciones diferentes respecto al tema.

El tema afecta a muchas familias en todo el Norte de Manhattan y en el Bronx.

Más de 1.8 millones de neoyorquinos, incluyendo cerca de 250.000 en el Bronx, reciben cupones de comida. Y La Coalición de Nueva York Contra el Hambre divulga que Manhattan tiene 227.506 personas viviendo en hogares escasos del alimento, mientras que el Bronx tiene 417.119 personas - la tarifa más alta de la ciudad.

En agosto pasado, USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) rechazó la propuesta del Alcalde Bloomberg y de la ciudad para prohibir el uso de cupones de alimentos para adquirir soda y bebidas azucaradas.

La idea tras la prohibición es que al desanimar a la gente de comprar bebidas endulzadas con azúcar, podría reducir las tasas de obesidad en la ciudad, ya que las bebidas endulzadas con azúcar constituyen la fuente principal de calorías extra. La ciudad tiene una tasa de sobre peso y obesidad en adultos de un 57%, y un sobre peso y obesidad en la niñez de un 40%.

No obstante al rechazo, la idea continúa siendo debatida.

Este jueves 19 de abril, los panelistas en Columbia incluyeron a un columnista de comida del New York Times, un representante del Centro Congresual del Hambre, un representante de la División de Cupones de Comida, y un profesor de Política y Administración de Salud.

Se solicitó al Comisionado de Salud de la Ciudad responder al panel.

Oponentes de la medida incluyen a gran parte de la comunidad que lucha contra el hambre. Ellos argumentan que el limitar los cupones de comida para adquirir ciertas comidas pudiera exacerbar el ya existente problema de hambre en la Ciudad de Nueva York, y ocasionar que la gente se salga del programa.

"Nos preocupa que ello conllevara a una lista de 'comida buena' y una lista de 'comida mala', y que 46 millones de personas (a nivel nacional) no tendrán acceso a la 'comida mala', dijo Edward Cooney, Director Ejecutivo del Centro Congresual de Hambruna.

Mark Bittman, Columnista de Alimentos del New York Times, respondió al argumento de Cooney desde otro ángulo.

"La pregunta es realmente 'Que es comida'"? dijo Bittman.

"Usted no puede olvidar los argumentos de 'buena comida' 'mala comida", argumentó él, "y pensar en que es comida y que no es comida, y la soda no es comida".

Bittman y otros han llegado tan lejos hasta llamar a la soda el tabaco del siglo 21. Según ellos, el subsidiarla a través de los cupones de comida, es similar a subsidiar los productos del tabaco.

Bittman retornó la conversación al tema de cómo se originan los cupones de alimentos: como un programa para personas malnutridas, y para ayudar a los granjeros locales. Los cupones pudieran ser utilizados para comprar artículos excedentes de materias primas en la lista de la tienda de alimentos -artículos como la harina, harina de maíz, habichuelas, huevos y vegetales.

Theresa Hassler, un miembro del auditorio y Director de Comunicación de la Coalición de Nueva York Contra el Hambre, estuvo en desacuerdo con la definición de Bittman sobre lo que no se considera comida.

"No-alimentos son los esenciales como bombillas eléctricas, papel sanitario, las cosas que la gente necesita y para las cuales no puede utilizar los cupones de alimentos", expreso Hassler.

Además, Cooney dice que él no ve razón porque enfocarse en la gente de bajos ingresos por vía del programa de cupones de alimentos, ya que la obesidad se ha convertido en un tema nacional a todos los niveles de ingresos.

El hacerlo sólo profundizaría el estigmatizar a las personas dentro del programa de cupones de alimentos. Y conforme a Cooney, no existe evidencia de que el programa de cupones de alimentos ocasione la obesidad.

"Nosotros visualizamos a SNAP (Programa de Asistencia Suplementaria Nutricional o cupones de alimentos) como un programa anti-obesidad", dijo Cooney.

La profesora Claire Wang ofreció alguna evidencia de que el programa de cupones de alimentos puede contribuir a la obesidad, pero admitió que la evidencia es mixta y que los cupones de alimentos son necesarios para combatir el hambre. La Dra. Wang citó un estudio que encontró que mientras más tiempo permanecen las mujeres en SNAP, mayor es la posibilidad que suba su BMI (masa del cuerpo).

Además, la Dra. Wang dijo que 'un ciclo de cupones de alimentos' se ha vuelto hipotético pero no comprobado. La gente tiende a comprar más alimentos en la semana que reciben los cupones, lo cual significa que compran más alimentos no perecederos que no se dañarán para final de mes. Este patrón pudiera contribuir a la obesidad.

Por tanto, que piensan los que reciben los cupones de alimentos sobre la prohibición de utilizar los cupones para comprar bebidas azucaradas?

Es difícil decirlo, y es probable que esa respuesta varíe de individuo en individuo.

Pero, conforme a Gary Jenkins, Sub-Comisionado de la División de Servicios de Cupones de Alimentos, un sondeo entre receptores de cupones de alimentos encontró que el 66% apoyaban la prohibición o les era indiferente la prohibición de comprar bebidas azucaradas.

El Comisionado Dr.Thomas Farley, concluyó el panel con sus observaciones.

"Primero, déjenme expresar algo sobre el estigma", dij elDr.Farley. "Estamos a favor del estigma. Estamos a favor de estigmatizar un producto. No estamos a favor de estigmatizar a la gente."

El Dr. Farley dijo que la verdadera oposición política a esta prohibición es la industria de las bebidas.

"Subsidiamos a los granjeros para que produzcan maiz, subsidiamos a la gente para que lo compre, entonces porque nos sorprende cuando la gente lo consume"? expreso el Dr. Farley , refiriéndose al sirope de maíz que endulza muchas bebidas.

No es sorpresivo que en una escuela de salud pública, el panel se incline hacia la perspectiva propuesta por la mayoría de los expertos en salud pública, favoreciendo la prohibición.

"Necesitamos una solución integral para lidiar con este tema a escala nacional, porque es un problema nacional", dijo Jaclyn Clenney, estudiante de Mailman y representante de Estudiantes pro Política Alimenticia y Prevención de la Obesidad, el grupo que coordinó el panel.

"Los contribuyentes están pagando millones de dólares por el incremento en los costos del cuidado de la salud, provenientes de enfermedades crónicas relacionadas con la obesidad".

Posteriormente, unos pocos miembros del auditorio opuestos a la prohibición permanecieron en la sala hablando aun sobre el tema.

Conforme a Hassler, los proponentes de salud pública de la prohibición no están observando bien el ambiente en el cual vive la gente.

"Yo considero que la excepción (prohibición de cupones de alimentos para comprar bebidas azucaradas) es otra forma de ampliar la brecha entre el extremadamente rico Nueva York y el extremadamente pobre Nueva York", expresó Hassler

Los argumentos expresados por ambos lados parecía tratarse tanto sobre la miríada de formas de encasillar el tema como de cualquier cosa : como el hambre, como la obesidad, como los alimentos, y los no-alimentos.

Hassler dijo que el hambre y la obesidad son dos lados de la misma moneda.

"Sólo porque alguien sea gordo no significa que no sufre de hambre".


 

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