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Para mi, todo es griego Print E-mail
Written by Debralee Santos   
Tuesday, December 20, 2011

Fabricantes de yogur en el Estado de Nueva York: (upside down exclamation mark) SALVADOS! Taxistas en la ciudad de Nueva York, aun esperando saber.

Por Debralee Santos

Me gusta el yogurt.

Así que llamamos buenas noticias cuando nuestro gobernador Cuomo, o Conan, o el Gober-gladiador o como sea que la Revista GQ u otras lo están llamando en estos días, intervino para poner paz entre la guerra de alcaldes de la parte alta del estado sobre una línea de aguas residuales que habría podido poner la expansión de una factoría de yogurt griega en peligro.

“El año completo, he dicho estamos tratando de cambiar la percepción del estado de Nueva York de un estado contra los comercios a un estado que está abierto para comercios”, dijo el Sr. Cuomo en una entrevista telefónica el viernes reportó ‘The New York Times’.

“Lo último que deberíamos estar haciendo es frustrar los negocios”.

Hmmm…prepárese.

El yogurt está ganando.

Si, ¿porque “frustrar” los negocios – y a todos esos amantes de los yogurt?

Bueno para el Condado Fulton, donde Fage USA ahora podrá proceder con su planeada expansión de $120 millones de dólares donde la tasa de desempleo registró un 9% en octubre del 2011.

Mientras tanto, de vuelta a la parte baja del estado, el condado con la tasa de mayor desempleo lo fue el Bronx con un 12.4% en octubre del 2011.

Una vergüenza que más de los taxistas – los conductores de taxi sin medallón luchando por ganarse la vida en el Bronx y en vecino Norte de Manhattan, en densas comunidades urbanas, donde lo poco o la falta de empleo son condiciones crónicas – no es registrado por el Gobernador como una comodidad tan preciada como el yogurt griego.

El gobernador Cuomo ha parado, estancado y retrasado la firma de la ley que está rezagada en su escritorio que legalizaría los recogidos en las calles y legitimizaría el trabajo de casi cerca de medio siglo, de miles de hombres y mujeres que han luchado para cumplir con sus obligaciones de fin de mes estableciendo una transportación accesible en áreas “fuera del condado” donde la industria de taxis amarillos no visitan hace siglos atrás.

Que el gobernador Cuomo debió, luego de que la legislación hubiese pasado la Asamblea y el Senado, luego de ocho meses de ansiosos debates, protestas y manifestaciones, donde miles de taxistas se aglomeraron en la alcaldía, en Albany y en las oficinas del gobernador en el centro de la ciudad, ahora reclaman, en estas últimas agonías, que la ley violaría la Ley de Americanos con Discapacidades, es terrible.

La accesibilidad a incapacitados y subscripción a mandatos federales para nuestros compañeros ciudadanos que necesitan asistencia adicional en transportación, es una imperiosa necesidad colectiva. Pero de hecho, la ley como negociada – una que generaría tanto como $1,000 millones en ganancias para la ciudad – permite hacerse a un lado para vehículos con accesos para discapacitados. Y más se puede y debería hacerse para expandir la flota de autos, tanto amarillos como sin medallón, que ofrezcan servicios para residentes discapacitados. Hay en la ley un Grupo de Trabajo que trabajará precisamente en asuntos tales como este, directamente luego de que la ley sea firmada.

La noción de que el gobernador Cuomo, quien vio adecuado el formar de nuevo el código  de impuestos estatales en menos de cinco días, que entró en la legalización de matrimonios del mismo sexo y pudo personalmente intervenir para salvar el yogurt griego de su extinción, no puede ver su camino claro para firmar una ley que legalizaría la transportación de miles que tienen su propio derecho, reprimido, limitado e incapaz de llamar legalmente a un taxi porque viven en el código postal incorrecto, es intelectualmente deshonesto – y es un mito en el que ninguno de nosotros, particularmente cualquiera en el campo “Democrático”, debería caer en ser víctima.

Es particularmente mortificante el escuchar decir, como reportado en los diarios, semanarios y los ‘blogs’ que la verdadera disputa asciende a un poco más que un choque de egos entre el alcalde Bloomberg, quien ha defendido la causa de los taxistas y el gobernador, que no toma amablemente el no ser, bueno, nada más que el “Gobernador”.

“Yo soy el gobierno”, bramó el gobernador Cuomo a un columnista del ‘New York Post’ y presentador de radio Fred Dicker el 9 de noviembre. El acuerdo del yogurt lo probó para mi: si señor, usted es. Tan segura, que gusta la cosa.

El yogurt es una gran merienda, y saludable.

Pero yo, como muchos de mis compañeros residentes del Bronx y el Norte de Manhattan, confío, dependo y necesito los taxistas que están deseosos y dispuestos ha ayudarme a navegar a mi, mis niños y a mi familia, segura a través de mis días y noches.

Entonces, para parafrasear al gobernador, “perdonen los inconvenientes, pero podríamos trabajarlo de una manera o de otra”, ¿no?

Yo empiezo.

Yo doy la parte cremosa – entonces, ¿puedo tener el derecho legal de mover a mis niños a través de esta ciudad que llamo hogar?

Firme la ley, gobernador Cuomo.

 

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