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De todos los artistas que pudieron haber tenido un pequeño concierto improvisado en el parque Zuccotti, Billy Joel hubiese sido el ideal.
“El hombre del piano” pudiera haberse juntado con otro grupo de la música de Nueva York, Make Music New York. Por muchos años, ellos le han proveído a los parques de la ciudad numerosos pianos que viajan.
Juntos, Make Music NY y Billy Joel hubieran presentado un bello concierto.
Y sería un requisito que tocara la canción “New York State of Mind.”
Los manifestantes de Occupy Wall Street han expandido nuestra imaginación y han generado un nuevo interés en las desigualdades socioeconómicas de un sistema que tiene universos paralelos. Por un lado le permite a los bancos corporativos, una y otra vez, tener mala conducta porque están considerados como “demasiado grande para fallar” mientras que los programas de prevención de ejecuciones hipotecarias en el estado de Nueva York pueden eliminarse.
Que los manifestantes de OWS hayan decidido comenzar su protesta en la ciudad con la disparidad más grande entre ricos e pobres, donde el alcalde es uno de los hombres más ricos en la nación, no es una coincidencia.
Tampoco es coincidencia que el alcalde Bloomberg haya decidido desalojar a los manifestadores y a su campamento a la 1am.
Digan lo que quieran (“Que busquen trabajo” es bien popular), los manifestantes han provocado un diálogo sobre los problemas de desigualdad e injusticia socioeconómica que han estado cubiertos por realidades mucho menos incómodas.
La atención pública se enfoca más en matrimonios que duran solamente 72 días y sobre cual es el verdadero nombre de Mitt Romney.
Pero los desafíos que ha comenzado a enfrentar la emergente clase media han sido el dominio de los trabajadores pobres en este país y en esta ciudad por largo rato: poca promesa en la educación y en trabajos, la disminución de los salarios y las viviendas inadecuadas.
Esta gente sabe sobre avisos de desalojo, y se preocupan de un futuro atenuado por préstamos y salarios estancados. Peor aun muchos viven en la pobreza y en áreas plagadas por el crimen, por disparidades de salud, y por pocos recursos disponibles para ayuda.
Mientras los manifestantes de Los Angeles tocan música ranchera, y hay otros “occupantes” en Atlanta, Rio De Janeiro, Miami, y Newark, la realidad es que no hay otro lugar mejor que en nuestra ciudad, y no hay mejor lugar de nacimiento para un movimiento que una ciudad en donde la codicia es todavía buena.
Como el alcalde Bloomberg notó en un panel de discusión que celebraba 40 años de la Asociación para un Nueva York Mejor (ABNY, por sus siglas en inglés), el cual compartió con alcaldes de Nueva York anteriores, David Dinkins y Ed Koch, no hay otro lugar como éste en el mundo.
Bloomberg señaló que la prohibición de fumar cigarrillos de el 2003 provocó una reacción sin igual, con gente a favor y en contra, por todo el mundo, aunque
Pel estado más grande del país, California, aprobó la prohibición primero en el 1995.
“Pero a nadie le importó” dijo Bloomberg.
Simplemente no era Nueva York.
Y aquí, un pensamiento para aquellos que desean mantener activa las consignas, para los que desean mantener las llamas de indignación todo el invierno: resulta que Nueva York es bastante grande.
Hay otros lugares, privados y públicos, en la ciudad, en el norte de Manhattan y en el Bronx, en Queens, y en Brooklyn donde también se puede fácilmente acomodar un poco de ruido y rebelión.
En un aprieto, si es necesario, la Plaza Foley funcionaría.
Pero como los manifestantes que desalojados ese día reclaman, el movimiento de “Ocupar Wall Street” es un estado mental, no puede ser parado, entonces por que no unirse y montarse en un tren o un autobús al cruzar de la ciudad, o hacia el Alto donde el 99 por ciento esta luchando, no tanto para vencer la aglomeración de las ventas del Viernes Negro, pero todos los días en C-Town, en los centros de cuidado de niños, en la línea de desempleo.
Traigan sus casas de campaña, su centro médico, sus lonas, sus sacos de dormir, sus tambores.
Encuentren a sus hermanos, los indignados en Broadway y en el Grand Concourse, en la avenida San Nicolas y la avenida Morris.
Debe de haber mucho espacio en otras plazas de la ciudad, en los parques, para algunas de las sesiones de micrófono abierto que tienen a la gente de pie y pregonando sobre el dolor que han estado sintiendo por mucho tiempo.
Es solamente un estado mental, uno que es real, uno que es innato, uno que puede viajar, ¿verdad?
Las cámaras lo seguirían.
Rayos, a lo mejor hasta Billy Joel también los sigue.
“Yo sé lo que necesito, Y no quiero perder más tiempo. Estoy en un estado mental neoyorquino.”
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