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PHOTO CREDIT: thesoutherninstitute.com
Me gustan los super poderes. En un tiempo cuando se demanda más de todos nosotros, cuando el IQ de nuestros teléfonos parece superar el nuestro, y medimos los minutos como una bocanada de oxígeno, ¿a quién no le gustaría nivelar el campo de juego con una secreta habilidad de leer mentes, o correr bien rápido? Pero son los poderes que recaen sobre mi los que no deseo.
Me gusta el lazo de oro, la ceja perfectamente arqueada y los artilugios.
Pero por favor deja de verme invisible.
El campo de fuerza de invisibilidad alrededor de la mujer, particularmente mujeres, que se ven y se oyen como yo, estamos envueltas en un poder no deseado, uno que con mucho gusto podrían reembolsarme en la tienda Stop n’ Shop.
Raramente hay un momento que una cara reflejando la mía salga de una de las páginas de una revista, o de las pequeñas o grandes pantallas.
Y si, estoy omitiendo las novelas de televisión en español y la revista Vanidades (la favorita de mi madre) en esta redada.
El triste hecho es, que cualquier historia que desee decir (o vender) una verdad “universal” acerca de una persona en América y/o en esta ciudad, por lo general, busca la cara de una mujer blanca o hombre para reflejar esa realidad – ya sea desempleo, riqueza o hasta el insomnio. Y cuando los latinos o cualquiera de nosotros son representados, hay razones como “los episodios especiales” alrededor de los días de fiesta.
Es un argumento que he sacado a relucir en la compañía de amigos menos indignados (trátelo; es divertido): la presentación de una persona de color (latino, negro, asiático o cualquier combinación estos) como el principal conducto visual dentro de la narrativa requiere explicación de una manera que el colocar a una persona blanca en el centro de la historia no lo requiere.
Esto parece cierto en todos los ámbitos: diseños de la revista Vogue, anuncios impresos para antidepresivos, comedias de televisión, comerciales de Target. En general, la gente blanca son universales sustitutos de todos nosotros: vea a una ágil mujer en el centro de un anuncio de Ralph Lauren, admire el traje, continúe. Lo mismo si es una mujer mayor blanca en un campo de girasoles, divulgando un medicamento contra las úlceras.
En su lugar coloque una mujer negra o alguien de discernible “otro” en la categoría étnica del Censo, y es como dijo Desi Arnaz, “Usted tiene algunas ‘explicaciones que dar’”. ¿Hmm, está obligado a preguntar, es que los negros están en mayor riesgo de úlceras? ¿O es el Mes de la Herencia Negra?
Pregúntese, ¿Por qué el epónimo no es llamado “Whitney” en NBC Dominicano? No es algo grande, es sólo otra mujer dominicana en la gran ciudad estropeando cosas con su evasivo novio?
Dios sabe que hay suficientes mujeres solteras cuyos padres vienen de Moca o Bonao viviendo en la ciudad de Nueva York para llenar una línea en la televisión en todos los canales.
Pero ella no está en la pantalla. Aparte de Carla Espinoza, el personaje de Judy Reyes interpretado en “Scrubs” algunos años atrás, es difícil encontrar una latina, sin decir una dominicana, en cualquier papel central en la televisión. Esto requeriría una explicación, como si fuera una salida de lo normal (Hay un video de esto en YouTube: http://bit/ly.Eitoc).
¿Pero que es normal?
No es la acentuada cacofonía realidad que a diario vivimos en esta ciudad, y cada vez más, este país, uno en el cual un sencillo día presenta enfermeras dominicanas, tiendas de comestibles coreanas, conductores de taxi de Trinidad y mensajeros ecuatorianos, uno al cual apenas le damos pensamiento.
Pero ciertamente no es reflejado en las pantallas de nuestros televisores o I-Pods, en los medios impresos. Ahí tenemos al Times algunas semanas atrás con Pamela Paul’s “Nuevo Pequeño Ayudante de la Madre” acerca de las madres encontrando difícil dormir con listas enciclopédicas de tareas pendientes.
¿La mejor manera de contar esa historia, visualmente?
Una escena de una mujer rubia de ojos azules parada en una bata de satín blanco en un jardín suburbano, baja de modo amenazante durante el crepúsculo alrededor de ella.
Imagínese la misma historia, con la escena de una mujer negra con trenzas. De una mujer asiática en pijamas con estampado verde azulado y pantuflas de seda. O una latina envuelta en un “étnico” con vibrante colores.
Para que sentido a la vista de nosotros, la historia correspondiente tendría que ser sobre cualquiera de estas mujeres, singularmente: tendría que ser sobre la célebre autora negra, o la asiática genealogista que redobla como escultora, o de la gurú latina en finanzas.
Para cualquiera de esas mujeres de color ser colocadas dentro de la historia como su representación, esta tendría que ser famoso o distinta. Ella no podría servir como el modelo “de todos los días” al igual que la mujer blanca en estas escenas. Sería incongruente y disonante; “lo otro” de la mujer de color parada en un mensaje para “todo el mundo” nos desconcertaría. La otra opción sería la invisibilidad, y una que los directores de repartos de papeles y editores han optado por, y nosotros, como lectores, audiencias y consumidores, lo hemos permitido con demasiada rapidez.
Es por la misma razón que las comedias y películas tienden ha distanciarse de las personas de color, y en su lugar se enfocan en una familia y amigos homogéneos. Cuando somos invitados, es típicamente para sentarnos al margen, listos para una línea con ¿acento?
Aun aquellos programas de televisión que se enorgullecen a si mismo de alejarse de lo tradicional, y buscan ser “diferentes” parece que no pueden pasar la etnicidad como sólo parte de la historia.
“Modern Family” es tan ingenioso como lo son los reclamos que hacemos en nombre de la familia, incluyendo una familia homosexual con una niña, y una actriz de juego en Sofia Vergara. Pero el hecho de que Vergara interprete a una latina, con un marcado acento y pantallas musicales, parece ser la extensión del personaje, y la broma.
¿No podría ser ella una divertida neuróloga latina, una modelo de manos latina, cualquier cosa latina, sin que el impulso central de la broma es que es latina?
El ser latina es lo que yo, y muchas, muchas otras mujeres son – al igual que mucha parte de lo que hago, como me alimento y vivo, y que lenguaje utilizo, como ser blanca o Inuit o de Somalia es para el próximo editor, madre, insomnio (algunos de nosotros somos los tres).
Lo que no es es la línea de comienzo de una broma en la que nunca estaré, o una inconveniente verdad que reciba – o que quiera – absolverme a mi misma.
Incluso una comedia tan amplia como “Wedding Crashers” hace años atrás hizo su punto, aunque torpemente. En una de las secuencias de apertura en la cual los personajes de Vince Vaughn’s y Owen Wilson caen en la cama, separadamente, con una bandada de mujeres, no parece existir una sencilla mujer de color con la cual ellos puedan estar. Eso son un montón de mujeres.
Y mucha invisibilidad.
Resulta que, nosotras las del tipo “colorido” somos tan sanas, extrañas, complicadas y encantadoras como las otras niñas (y niños) que se supone estemos enfocados en estas películas, programas y anuncios.
Pase por cualquier parada de autobús o tren en esta ciudad a las 7:45 am cuando la manada de frescos rostros de niños y niñas, con pecas, piel oliva o negra brillante, es un impresionante recordatorio del exuberante arco de la juventud.
O mejor, vaya al centro de envejecientes a las 11:45 am para que vean las verdaderas bellezas: usted encontrará hombres compartiendo miradas con bellezas en abrigos y unas pintadas. La gente, todos nosotros, esperando ser observados, super y extraordinariamente, regular y real.
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