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Written by Gloria Pazmiño   
Tuesday, November 01, 2011

Mariella Rueda viajó a Washington D.C. esta semana para un procedimiento de transplante de sus células blanca de seis horas a un paciente con leucemia aguda. Su sacrificio podría salvarle la vida.

Mariella Rueda ha sido residente de Washington Heights por más de una década. Ha criado a su hijo de doce años, fanático de la pelota aquí, y ha desarrollado una carrera profesional en el gobierno local de la cual está orgullosa.

Este pasado miércoles en la noche, ella salió de Nueva York para abordar un avión hacia un hospital en Washington D.C., para una misión que comenzó hace diez años, aunque en esos momentos no tenía ni idea.

“Empaca poco”, se recordó a ella misma mientras preparaba su equipaje.

Rueda, asistente legislativa de la oficina del Asambleísta del estado de Nueva York Herman “Denny” Farrell, no estará dando un ordinario viaje relacionado con la política a la nación capital. En su lugar, su viaje muy bien podría hacer la diferencia entre vivir y morir, y fue motivado por el simple impulso en hacer una buena obra, hace más de diez años.

Antes de irse, Rueda, fiel a su naturaleza, trabajó duro en su trabajo en Washington Heights ayudando a distribuir vacunas contra la gripe a residentes del Tabernáculo Hebreo.

Vestida con una chaqueta y mahones, Rueda irradia una cálida actitud. Tiene una brillante sonrisa y grandes ojos que brillan con emoción cuando habla acerca de su hijo. Su pelo, lacio y negro, está recogido en una cola de caballo.

Según ella explica, diez años atrás, durante una corta estadía en Florida, Rueda entró a un centro de donación de sangre.

“En ese momento me pareció una buena idea”, reflexiono. “No tenía ninguna intención real; solo pensé que al donar sangre estaría haciendo una buena obra”.

Entonces este pasado junio, Rueda recibió una llamada telefónica que la llevaría de vuelta al banco de sangre que visitara hace una década.

Esa donación de hace una década atrás hoy podría salvarle la vida a un hombre.

“Tuve que detenerme por un momento, para tratar de recordar el tiempo de esa donación”, dijo ella. “Al otro lado de la línea telefónica, ellos dijeron, ‘tenemos un paciente. El necesita sus células blancas de sangre y usted es una pareja perfecta. ¿Está dispuesta a venir para exámenes adicionales?”. Por un momento, Rueda no estaba totalmente segura de recordar haber donado sangre. “¿Está usted seguro?”, pregunto ella. “Han pasado diez años”.

Rueda dudó. Al principio el prospecto de tener que someterse a rigurosos exámenes médicos y medicina la pausaron. Pensó en su hijo. Y también recordó a su amiga de la niñez Yahaira, quien perdió su lucha con la leucemia hace dos años atrás.

“Me dije a mi misma, ahora soy una madre. ‘Que si alguna vez le sucede algo a mi hijo’”, se pregunta a si misma. “Solo esperaría que alguien fuera la pareja se necesitara alguna”. Con eso, estuvo de acuerdo a someterse a una batería preliminar de exámenes médicos que determinarían que sus células blancas podrían salvar la vida de un paciente de leucemia.

Pero no mucho es conocido acerca del hombre que recibió la donación de células blancas de Rueda este pasado jueves.

Debido a leyes de privacidad, Mariella no ha conocido al recipiente de su donación, ni tampoco hablado con el. Todo lo que sabe es que es un hombre de 28 años sufriendo de una leucemia, y que ha estado en remisión dos veces. Quimoterapia ya no es una opción y el recibir un transplante de células blancas es uno de los últimos recursos.

“Esta es su última oportunidad”, dijo Rueda.

La tarde del jueves en D.C., se sentó a través de un “transplante periférico de células de sangre”, un procedimiento de seis horas donde las células blancas de la sangre, responsables de defender el organismo de enfermedades infecciosas, son separadas a través de una máquina de filtrado y se almacenan para su transplante.

“El recibirá la sangre en 24 horas”, explicó Rueda.

Crear conciencia y dejarle saber a las personas cuan importante es ser un donador es parte de la meta principal de Rueda. Diez años atrás, cuando fue a donar, nunca consideró ser pareja de nadie.

Hoy, su mayor deseo es que más personas se tomen la oportunidad de también ser donantes.

“Realmente quisiera que las personas se dieran cuenta que el ser donante es sencillo, ellos también pueden donar su sangre; nunca saben si estarían salvando la vida de alguien”, dijo Rueda.

El viernes, Rueda regresó a Washington Heights.

Cansada, sintiéndose débil y un poco exhausta, ella dijo que el procedimiento no podía haber salido mejor.

“Es increíble de la manera que esto sucedió. Esto tenía que suceder, y me siento como una nueva persona”, reflexionó.

El periodo de recuperación podría durar desde varios días hasta dos semanas según sus células blancas se reproducen y restaura su fuerza. Por ahora, ella dice se estará enfocando en el aspecto espiritual de su experiencia y esperando que inspire a otros, mientras espera saber como el paciente reaccionó al transplante.

“Yo se que recibió el transplante en horas, y en un mes, sabremos de seguro como está reaccionando. Tomará cerca de un año saber si fue completamente exitoso”, dijo ella.

Rueda se está recuperando pero está contenta. “Estoy contenta de poder haber ayudado. Esto es por Yahaira (la amiga de la infancia de Rueda) y para que otras personas estén concientes de su potencial”.

 

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